En las profundidades del mar del Norte yace una herencia silenciosa de la Gran Guerra: miles de pecios que, un siglo después, liberan lentamente sus venenos en el ecosistema marino. El análisis del submarino alemán UC-30, hundido en 1917, ha confirmado la presencia de trinitrotolueno tóxico en sedimentos, fauna y aguas danesas, revelando que la violencia del pasado no termina cuando cesan los combates, sino que continúa su obra en formas que ningún tratado de paz pudo anticipar. Dinamarca, con más de diez mil naufragios registrados en sus aguas, se enfrenta ahora a un dilema que pone en tensió