En un mundo donde el tiempo y los recursos se perciben como obstáculos insalvables para el cuidado del cuerpo, el catedrático Felipe Isidro propone una respuesta que ya existe en casi cualquier edificio: las escaleras. Su argumento no es de conveniencia sino de eficiencia fisiológica —las piernas albergan la mayor reserva muscular del cuerpo, y activarlas durante apenas diez minutos diarios genera un retorno metabólico que supera al de rutinas más largas y costosas. Lo que está en juego no es solo la forma física, sino la autonomía que permite vivir sin depender de otros.