Stroustrup: la longevidad depende mucho de la suerte, y España podría liderar la esperanza de vida

Quien diga que viviremos 150 años probablemente quiera venderte algo
Stroustrup rechaza tanto prometer los 150 años como descartarlos, mientras los ensayos en humanos apenas empiezan.
Mark

Stroustrup dice que la suerte pesa más que la genética. ¿Qué significa exactamente?

Mimi

Que la genética explica entre un 10 % y un 20 % de la esperanza de vida, según él, y que gemelos idénticos no siempre viven igual de mucho.

Luke

Ojo: esa cifra es su estimación de lo que se atribuye a la genética a nivel poblacional, y él mismo dice que hay quien la rebaja. Que el resto sea «suerte» es su interpretación.

Mark

¿Por qué estudia gusanos y no personas?

Mimi

Porque viven tres semanas y se pueden editar genéticamente. Con humanos hay lentitud y problemas éticos.

Luke

Y él reconoce el límite: el metabolismo funciona distinto en gusanos y humanos. Lo que sirve en nematodos no está probado en personas.

Mark

¿Qué hay de la rapamicina?

Mimi

Dice que es efectiva, pero por ahora no en humanos. En nematodos su laboratorio igualó un máximo de esperanza de vida.

Luke

Los ensayos clínicos en humanos apenas comienzan, así que no hay resultado todavía.

Mark

¿Y lo de España como país más longevo?

Mimi

Es su opinión: cree que va camino de serlo por dieta y hábitos.

Luke

Es una afirmación sin datos en la entrevista, igual que lo de Japón y las cheeseburgers. Conviene tomarlo como valoración, no como cifra confirmada.

  • El proyecto CAUSALAGING busca los cambios moleculares que hacen envejecer al organismo, y el reto es que muchos procesos fallan a la vez.
  • Stroustrup sostiene que la genética explica solo entre un 10% y un 20% de la esperanza de vida, lo que desafía la idea de que el destino está escrito en el ADN.
  • Los nematodos, que envejecen en tres semanas, sirven como maqueta de laboratorio, aunque la distancia evolutiva con los humanos deja diferencias sin explicar.
  • La rapamicina ha funcionado en animales, pero los ensayos clínicos en personas apenas empiezan, y sus resultados dirán si el límite de vida puede elevarse.

En un sótano del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, el biólogo estadounidense Nathan Stroustrup busca entender por qué envejecemos, una pregunta tan antigua como la propia medicina. Su respuesta, prudente y algo provocadora, sugiere que la genética pesa menos de lo que creemos y que la suerte pesa más, de modo que cada vida parte de oportunidades parecidas y se desvía por azar y por hábitos. Mientras los ensayos con fármacos como la rapamicina apenas comienzan en personas, la pregunta de hasta dónde puede llegar la vida humana sigue abierta, y el laboratorio catalán la aborda con paciencia de gusano.

En un sótano del CRG de Barcelona hay una instalación que su creador llama la «máquina de la longevidad». Allí trabaja Nathan Stroustrup, que dirige el grupo de Sistemas y Biología Sintética del centro. Su proyecto, CAUSALAGING, financiado por la Fundación BBVA, busca identificar los cambios moleculares que determinan cómo envejece el organismo.

Stroustrup explica que al envejecer empeoran muchas cosas a la vez, desde la piel hasta el sueño. Para diseñar terapias hace falta conocer las causas comunes, porque el cuerpo es un sistema interconectado en el que un fallo se propaga con rapidez. Para estudiarlo usa nematodos, que comparten muchos genes con los humanos y envejecen en tres semanas. Reconoce que la distancia evolutiva deja diferencias aún sin entender, como una maqueta que no reproduce del todo un avión.

Sobre la supercentenaria Maria Branyas, su lectura es crítica. La genética explicaría alrededor del 20% de la longevidad poblacional, y los gemelos idénticos no siempre viven igual de mucho. Su conclusión es que todos partimos con oportunidades parecidas, aunque quien fuma y come mal no llegará a los 110. El objetivo es encontrar biomarcadores en la mediana edad que indiquen si alguien ha tenido suerte con su vida.

Sobre si veremos a alguien de 125 años, responde que depende de fármacos capaces de elevar el tope, algo que en animales ya se ha logrado pero en humanos nadie ha probado. Sobre los 150 años, no se compromete, y advierte que quien lo prometa probablemente quiera venderte algo. Finalmente, se declara orgulloso de trabajar en España, que a su juicio camina hacia ser el país más longevo del mundo, y recomienda medidas sencillas: ejercicio, buena dieta, vínculos sociales y no fumar.

En un sótano del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona hay una instalación a la que su creador llama la «máquina de la longevidad». Allí trabaja el biólogo estadounidense Nathan Stroustrup, que dirige el grupo de Sistemas y Biología Sintética del centro. Su proyecto, CAUSALAGING, es uno de los doce que financia el Programa Fundamentos de la Fundación BBVA, y su meta es identificar los cambios moleculares que determinan cómo envejece el organismo.

Stroustrup explica por qué eso importa. Al envejecer empeoran muchas cosas a la vez: la piel se arruga, se pierde fondo al correr, se duerme peor. Para diseñar terapias que permitan envejecer con más salud, dice, hace falta conocer las causas moleculares de todo ello, porque no se puede apuntar a un único receptor cuando las causas son múltiples y simultáneas. A su juicio, el cuerpo es un gran sistema interconectado en el que un fallo, por ejemplo en el corazón, repercute en el intestino y se propaga con rapidez, lo que dificulta separar las causas del envejecimiento de sus síntomas.

Para estudiarlo usa nematodos, los gusanos con los que Gary Ruvkun ganó el Nobel el año pasado. Comparten con los humanos muchos genes, células y órganos, y crecen, envejecen y mueren en tres semanas, de modo que editar a un individuo permite ver pronto el efecto sobre su longevidad. Stroustrup lo compara con diseñar un piloto automático: no se haría con un jumbo lleno de pasajeros en vuelo, sino con una maqueta en el jardín. Reconoce, eso sí, que el reto está en la distancia: tenemos los mismos receptores de insulina, nos separan un par de cientos de millones de años de evolución y la regulación del metabolismo funciona de forma muy distinta. Deben de existir diferencias que aún no se entienden.

Sobre el estudio de la supercentenaria Maria Branyas, que considera un trabajo excepcional, mantiene una lectura crítica. A nivel poblacional, la parte de la esperanza de vida atribuible a la genética se estima en torno al 20 %, y hay quien la rebaja al 10 %. Recuerda que los gemelos idénticos, con el mismo ADN, no siempre viven igual de mucho. Su conclusión es que todos partimos con oportunidades parecidas y que la suerte pesa mucho, aunque advierte de que quien come muy mal y fuma no llegará a los 110. Admite que existen genes ligados al riesgo, como BRCA1 para el cáncer o ApoE para el alzhéimer, pero sostiene que en conjunto su contribución es pequeña. El objetivo del proyecto es hallar biomarcadores fisiológicos que, medidos en la mediana edad, indiquen si una persona ha tenido suerte o no con su esperanza de vida.

En cuanto al reloj epigenético, explica que sirve para saber, por las marcas de metilación, si alguien envejece de forma acelerada, y para evaluar intervenciones que frenen el envejecimiento. Según él, la rapamicina ha resultado eficaz, aunque por ahora no en humanos, y su laboratorio ha conseguido igualar en nematodos un máximo de esperanza de vida.

Sobre si veremos pronto a alguien de 125 años, plantea que la cuestión es si habrá fármacos capaces de elevar el tope. En modelos animales, dice, sí; en humanos nadie lo ha probado y los ensayos clínicos apenas empiezan. Las mejoras sanitarias, de cuidados y de alimentación aportarían ganancias pequeñas, de uno o dos años por década. Recuerda que en Europa y Estados Unidos los mayores avances llegaron en la primera mitad del siglo XX, con los antibióticos, la erradicación de la tuberculosis y la higiene moderna, y que la oncología y la medicina molecular no han sido tan efectivas.

Sobre vivir 150 años, no se compromete: lo compara con quienes miraban la Luna antes de la física moderna. Hoy no se conocen las bases del límite de la longevidad humana; quien asegure que viviremos 150 años probablemente quiera venderte algo, pero tampoco puede decirse que sea imposible.

Finalmente, se declara orgulloso de trabajar en España, que a su parecer va camino de ser el país más longevo del mundo, gracias a la dieta y a los hábitos. Cita el caso de Japón, donde, afirma, se comen más cheeseburgers y se pierde competitividad. Se define como biólogo, no economista, y defiende que la gente alcance su máximo biológico con medidas baratas: vigilar el sobrepeso, hacer ejercicio, mantener relaciones sociales, comer bien y no fumar. Los resultados de los ensayos con fármacos como la rapamicina dirán si el techo puede subir.

Si estuviera todo en los genes, sabríamos cuánto vamos a vivir desde nuestro nacimiento. Pero no es así.
— Nathan Stroustrup, biólogo del CRG
Nadie puede decir hoy que viviremos 150 años, pero tampoco que sea imposible.
— Nathan Stroustrup, biólogo del CRG (paráfrasis)
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