En el verano de 2005, Steve Jobs se dirigió a los graduados de Stanford no como un empresario exitoso, sino como alguien que había mirado de frente su propia finitud. Un año antes, un diagnóstico de cáncer de páncreas le había impuesto una cuenta regresiva que luego la medicina logró detener. Desde ese umbral entre la vida y la muerte, Jobs ofreció una reflexión que trasciende la anécdota personal: que la mortalidad no es el opuesto de la vida, sino su fuerza más honesta, la que nos obliga a elegir lo que verdaderamente importa.
Steve Jobs en 2005: "La muerte es el mejor invento de la vida, elimina lo viejo para dar paso a lo nuevo"
Steve Jobs fue diagnosticado con cáncer de páncreas en 2004, recibiendo inicialmente un pronóstico de tres a seis meses de vida, aunque posteriormente fue tratado exitosamente mediante cirugía.