Steve Eisman, el inversor que anticipó el colapso financiero de 2008, ha dirigido su mirada escéptica hacia el sector de la inteligencia artificial, acusando a sus empresas de orquestar deliberadamente un clima de crisis. Su señalamiento no es solo una crítica al sector tecnológico, sino una pregunta más antigua sobre el poder: ¿quién controla el lenguaje del miedo y a quién beneficia? En un momento en que la regulación de la IA aún toma forma y los capitales en juego son colosales, la voz de alguien que ya leyó una burbuja antes de que estallara resulta difícil de ignorar.