En el espacio donde la literatura y la política se cruzan, Stephen King ha convertido su cuenta en X en un tribuno digital, lanzando semana tras semana críticas afiladas contra Donald Trump. El autor de las grandes ficciones del miedo estadounidense parece convencido de que el mayor horror contemporáneo no habita en sus novelas, sino en la Casa Blanca. Su más reciente propuesta —un título obsceno para la autobiografía del expresidente— no es un exabrupto aislado, sino el eslabón más visible de una campaña deliberada para moldear la opinión pública antes de que los votantes vuelvan a las urnas.