En el Santander Arena de Santiago, la luchadora chilena Stephanie Vaquer recuperó el título Mundial Femenino de WWE al derrotar a Liv Morgan en un evento en vivo no televisado. Lo que ocurrió esa noche no fue solo una victoria deportiva, sino la ruptura deliberada de un protocolo que la compañía había sostenido durante décadas: los títulos mundiales casi nunca cambian de manos fuera de la pantalla. Chile, por primera vez en la historia de WWE, fue escenario de ese gesto excepcional, y una luchadora nacida en San Fernando se convirtió en su protagonista.