Foundation ya desplegó robots en Ucrania para tareas logísticas y pruebas en la Fuerza Aérea, con planes de producir 50.000 unidades anuales en nuevas fábricas. La participación de Eric Trump como inversor y asesor ha generado críticas por conflictos de intereses, aunque la empresa niega haber recibido ventajas desleales.
Startup respaldada por Eric Trump desarrolla robots humanoides para el Ejército estadounidense
Tiene que ser el primero en entrar y ser letal
¿Por qué importa que Eric Trump esté involucrado en esta empresa? ¿No hay otros inversores en startups de defensa?
Importa porque crea la apariencia de un conflicto de intereses directo. El hijo del presidente obtiene contratos del Pentágono. Aunque la empresa niega ventajas desleales, la senadora Warren lo llamó "corrupción a plena vista".
Pero hay que ser precisos: los 24 millones de dólares incluyen fondos de Boardwalk Robotics, que Foundation adquirió, y de programas del IHMC. WIRED cuestionó que todos fueran nuevos acuerdos obtenidos directamente por la startup. Eso es importante.
¿Qué tan cerca estamos realmente de robots soldados armados?
Más cerca de lo que muchos creen. Foundation ya está probando en Ucrania y la Fuerza Aérea. Pathak dice explícitamente que sus robots podrían ser "letales" si es necesario.
Pero Rodney Brooks del MIT dice que faltan más de diez años para que un humanoide funcione con fiabilidad en entornos complejos, y otra década para pasar del laboratorio al despliegue real. Los Phantom actuales tienen limitaciones graves: autonomía limitada, no resisten agua, capacidad de carga modesta.
¿Qué dicen los expertos en ética sobre esto?
La ONU, la Iglesia católica, Human Rights Watch: todos advierten que esto cruza una línea. El miedo es que una IA imperfecta se equivoque de objetivo y no haya forma de exigir responsabilidad como con un soldado humano.
Pathak responde que la robótica puede hacer la guerra más precisa y con menos víctimas civiles. Y tiene un punto: China y Rusia también desarrollan prototipos militares. Pero eso no resuelve el problema técnico fundamental: los sistemas autónomos no siempre se comportan como esperan sus creadores.
¿Puede Foundation realmente producir 50.000 robots al año?
Eso es lo que proyecta. Su planta actual hace 300-500 anuales. Está construyendo una segunda fábrica y planea una tercera con esa capacidad masiva.
Pero hay un obstáculo real: China domina la cadena de suministro robótica. Washington acaba de prohibir la mayoría de importaciones de robots humanoides nuevos y exige que los componentes nacionales superen el 65 por ciento del coste hasta 2028. Pathak duda de que funcione. Eso es un cuello de botella genuino.
Der Puls
- Foundation Future Industries tiene un contrato de 24 millones de dólares con el Pentágono
- Desplegó robots en Ucrania a principios de 2026 para recoger suministros en zonas peligrosas
- Planea producir 50.000 unidades anuales en una nueva fábrica
- Eric Trump participa como inversor y asesor jefe de estrategia
- El Phantom MK-1 pesa casi dos metros y puede transportar 40 kilos
Foundation ya desplegó robots en Ucrania para tareas logísticas y pruebas en la Fuerza Aérea, con planes de producir 50.000 unidades anuales en nuevas fábricas. La participación de Eric Trump como inversor y asesor ha generado críticas por conflictos de intereses, aunque la empresa niega haber recibido ventajas desleales.
Foundation Future Industries, startup respaldada por Eric Trump, desarrolla el Phantom MK-1, un robot humanoide que ya prueba en operaciones militares estadounidenses con un contrato de 24 millones de dólares del Pentágono.
En San Francisco, una empresa joven está construyendo máquinas humanoides negras de casi dos metros de altura con un propósito que suena sacado de una película de ciencia ficción: soldados robots para el ejército estadounidense. Foundation Future Industries, fundada en 2024, ya tiene un contrato de 24 millones de dólares con el Pentágono y está probando su modelo estrella, el Phantom MK-1, en operaciones reales de defensa estadounidenses. Lo que hace esta startup particularmente notable no es solo su tecnología, sino quién está detrás: Eric Trump, hijo del presidente estadounidense, participa como inversor y asesor jefe de estrategia.
Los primeros despliegues del Phantom han sido modestos pero significativos. A principios de 2026, Foundation envió dos unidades a Ucrania para recoger suministros en zonas peligrosas, lo que la empresa presentó como el primer despliegue conocido de robots humanoides en un escenario de guerra. La Fuerza Aérea estadounidense también ha realizado pruebas, y en la industria automovilística, estos robots contribuyeron a la producción de más de 24.000 vehículos durante 2025. Pero estos primeros modelos tienen limitaciones claras: pueden transportar unos 40 kilos, tienen autonomía limitada y carecen de resistencia al agua. Las unidades probadas en Ucrania eran aún menos capaces.
El fundador y director ejecutivo, Sankaet Pathak, tiene ambiciones mucho más grandes. Imagina un futuro donde estos robots puedan entrar en edificios, percibir su entorno, razonar y adaptarse con precisión suficiente para dirigirse directamente a un objetivo en lugar de requerir bombardeos. Para llegar allí, la empresa está desarrollando el Phantom MK-2, que duplicará la capacidad de carga e incorporará procesadores de AMD. Foundation también está escalando su producción: su planta actual en San Francisco puede fabricar entre 300 y 500 robots anuales, pero está construyendo una segunda fábrica y proyecta una tercera con capacidad para 50.000 unidades al año. Pathak reconoció que su meta inicial de 10.000 robots para finales de 2026 era "bastante ambiciosa". Los precios están fijados: los modelos industriales se alquilan por unos 100.000 dólares anuales, mientras que los destinados a defensa cuestan alrededor de 300.000 dólares por unidad.
La participación de Eric Trump ha generado controversia inmediata. La senadora demócrata Elizabeth Warren denunció lo que llamó "corrupción a plena vista", aunque Foundation y la Casa Blanca niegan que esa relación haya proporcionado ventajas desleales. La empresa sostiene que Trump no cobra por su labor de asesor. Sin embargo, los fondos públicos vinculados a Foundation superan los 24 millones de dólares, aunque algunos provienen de Boardwalk Robotics, adquirida por la startup, y de programas relacionados con el instituto de investigación IHMC.
Lo que realmente divide opiniones es hacia dónde se dirige esta tecnología. Pathak ha dejado claro que nadie le ha pedido aún armar sus robots, pero considera que podrían utilizar la fuerza si el Ejército estadounidense lo solicitara. En declaraciones a Futurism, llegó a afirmar que si un robot entra primero en un edificio y se muestra "dócil", el enemigo no dudará en atacar, así que "tiene que ser el primero en entrar y ser letal". En julio, explicó a WIRED que la compañía estaba explorando "cuestiones cinéticas" —sistemas de armamento— y esperaba presentar novedades en los meses siguientes.
Esta posibilidad ha reavivado temores que el cine lleva décadas alimentando. La Iglesia católica y Naciones Unidas se oponen a las armas autónomas; el secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido prohibir por ley los "robots asesinos". Verity Coyle, de Human Rights Watch, advierte que el peligro está en la velocidad: trasladar la filosofía de Silicon Valley de "actuar rápido y romper moldes" al ámbito militar, sin establecer garantías legales, podría tener consecuencias catastróficas. Expertos también señalan que los sistemas autónomos no siempre se comportan como esperan sus creadores, y una IA imperfecta podría equivocarse de objetivo, lo que plantea dudas sobre cómo garantizar la rendición de cuentas que sí se exige a un soldado humano.
Pathak rechaza esos temores como "muy exagerados" y defiende que la robótica puede hacer la guerra más precisa y con menos víctimas civiles. Argumenta que Estados Unidos no puede permitirse quedarse atrás frente a China o Rusia, que también desarrollan sus propios prototipos militares, incluidos perros robóticos armados. Pero los expertos piden cautela. Rodney Brooks, veterano de la robótica y profesor emérito del MIT, calcula que faltan más de diez años para que un humanoide pueda operar con fiabilidad en entornos complejos y desconocidos, y que pasar de una demostración de laboratorio al despliegue real suele llevar otra década más. Un informe de Stanford enumera dudas pendientes sobre fiabilidad, responsabilidad legal, coste y ciberseguridad.
Hay además un problema de suministro: China domina buena parte de la cadena de producción robótica, de la que Foundation también depende. Washington ya ha reaccionado prohibiendo en julio la mayoría de las importaciones de robots humanoides nuevos y exigiendo que los componentes nacionales superen el 65 por ciento del coste total hasta 2028, aumentando a 75 por ciento en 2029. Pathak duda de que esa vía funcione y teme que Estados Unidos repita "los mismos escollos" que tuvo con los coches eléctricos y los drones. De fondo, late una visión más grande: Foundation toma su nombre de la saga de Isaac Asimov, y Pathak habla abiertamente de construir con los beneficios futuras "megaciudades" tecnológicas donde las máquinas asuman los trabajos peligrosos. Antes de llegar allí, sin embargo, la empresa tiene que resolver algo mucho más terrenal: convencer al mundo de que un robot armado no cruza una línea que la ciencia ficción lleva décadas advirtiéndonos que no crucemos.
Bemerkenswerte Zitate
Confía en que cuando estos robots sean capaces de percibir su entorno, razonar y adaptar su comportamiento con suficiente precisión, puedan entrar en un edificio y dirigirse directamente hacia un objetivo en lugar de recurrir a un bombardeo.— Sankaet Pathak, fundador y director ejecutivo de Foundation Future Industries
Faltan más de diez años para que un humanoide pueda operar con fiabilidad en entornos complejos y desconocidos, y pasar de una demostración de laboratorio al despliegue real suele llevar otra década más.— Rodney Brooks, profesor emérito del MIT