En el cruce entre la ambición tecnológica y la seguridad nacional, SpaceX avanza en negociaciones con el Pentágono para vender capacidad de procesamiento informático por varios miles de millones de dólares. La empresa de Elon Musk, que ya ha convertido su infraestructura de centros de datos en una fuente de ingresos con acuerdos monumentales con Google y Anthropic, extiende ahora esa lógica hacia el aparato militar estadounidense. Este movimiento refleja una era en que el poder computacional se ha vuelto tan estratégico como cualquier armamento convencional.