SpaceX ganó un contrato de US$2.000 millones para una red de satélites militares en mayo, mientras York y otros proveedores solo obtuvieron contratos de millones de dólares. Los requisitos del proyecto se adaptaron específicamente a la tecnología Starshield de SpaceX, lo que desalentó a competidores de presentar ofertas, según fuentes familiarizadas.
SpaceX domina contratos 'Golden Dome' del Pentágono mientras crece la dependencia de un único proveedor
Solo hay una empresa capaz de fabricar satélites a esta escala y velocidad
¿Por qué el Pentágono no simplemente divide los contratos entre varias empresas para reducir el riesgo?
Porque el tiempo es lo que importa ahora. El proyecto 'Golden Dome' tiene que estar operativo antes de 2028, y SpaceX es la única que puede producir satélites a esa escala y velocidad. Dividir el trabajo entre competidores más lentos significaría retrasos.
Pero eso es lo que dicen. ¿Quién verificó que realmente no hay otra forma de hacerlo? ¿O que los requisitos no fueron escritos específicamente para SpaceX?
¿Entonces los requisitos técnicos fueron diseñados a propósito para que SpaceX ganara?
Según fuentes familiarizadas con el proceso, sí. Los requisitos de velocidad y capacidad de producción se adaptaron tan específicamente al Starshield que algunas empresas ni siquiera presentaron ofertas.
Eso es lo que dicen las fuentes. Pero no tenemos documentos internos que lo prueben. Sabemos que pasó, pero no sabemos exactamente cómo se escribieron esos requisitos o quién tomó esa decisión.
¿Qué tan grave es que una sola empresa controle tanto de la defensa espacial?
Es grave porque expone los programas de defensa a los caprichos de una persona. Musk amenazó con retirar satélites en junio de 2025 por un desacuerdo con Trump. Si eso hubiera sucedido, habría afectado operaciones militares críticas.
Cierto, pero eso fue una amenaza. No sucedió. Y el Pentágono tiene opciones legales si SpaceX incumple. Lo real es la dependencia operacional, no el drama personal.
¿Hay algo que el Congreso pueda hacer?
Está presionando para que haya más competencia. Logró que algunos contratos se abrieran a Blue Origin y Rocket Lab. Pero mientras SpaceX sea la única que pueda entregar rápido, esa presión choca contra la realidad técnica.
Y eso es lo importante: no sabemos si esa realidad técnica es real o si es el resultado de años de decisiones que favorecieron a SpaceX. United Launch Alliance solía dominar. SpaceX la desplazó. ¿Qué pasó? ¿Fue solo tecnología mejor, o también decisiones políticas?
¿York tiene alguna oportunidad de recuperarse?
Su CEO dice que necesitan conseguir contratos. Espera que el Congreso presione más. Pero mientras SpaceX siga siendo más rápida y más barata, es difícil competir.
York cayó un 70% desde su salida a bolsa. Eso es un desastre para los inversores. Pero la pregunta real es: ¿el mercado está funcionando, o está distorsionado por decisiones del gobierno que favorecen a SpaceX?
El Pulso
- SpaceX ganó un contrato de US$2.000 millones en mayo para una red de satélites militares 'Golden Dome'
- York Space Systems vio caer sus acciones más de 70% desde su salida a bolsa en enero
- La Fuerza Espacial adjudicó a SpaceX cinco lanzamientos de seguridad nacional este año, versus dos a United Launch Alliance
- Los requisitos técnicos se escribieron tan específicamente para Starshield que algunas empresas no presentaron ofertas
SpaceX ganó un contrato de US$2.000 millones para una red de satélites militares en mayo, mientras York y otros proveedores solo obtuvieron contratos de millones de dólares. Los requisitos del proyecto se adaptaron específicamente a la tecnología Starshield de SpaceX, lo que desalentó a competidores de presentar ofertas, según fuentes familiarizadas.
El Pentágono adjudicó a SpaceX contratos clave del proyecto 'Golden Dome' por miles de millones, mientras competidores como York recibieron acuerdos menores, intensificando la dependencia de un único proveedor en defensa espacial.
El Pentágono ha concentrado miles de millones de dólares en contratos de defensa espacial en una sola empresa, SpaceX, mientras sus competidores quedan relegados a acuerdos de magnitud mucho menor. La decisión ha reavivado un debate incómodo sobre si el gobierno está construyendo deliberadamente sus especificaciones técnicas alrededor de lo que Elon Musk puede entregar, en lugar de permitir que el mercado determine quién está mejor preparado para el trabajo.
York Space Systems Inc. llegó a Wall Street hace menos de un año con una promesa clara para sus inversores: participar en el proyecto 'Golden Dome', un ambicioso programa de defensa antimisiles valorado en US$185.000 millones, sería el motor del crecimiento de la empresa. En mayo, SpaceX se adjudicó un contrato de US$2.000 millones para construir una red de satélites militares destinados a comunicación y transporte de datos como parte de ese mismo proyecto. York y un puñado de otros proveedores recibieron lo que quedaba: contratos de apenas unos pocos millones de dólares cada uno. Según personas familiarizadas con el proceso de licitación, los requisitos técnicos —velocidad, capacidad de producción, compatibilidad de sistemas— se escribieron de manera tan específica para el Starshield, la versión militarizada de la red Starlink de SpaceX, que algunas empresas ni siquiera se molestaron en presentar una oferta.
Para York, el golpe fue devastador. Las acciones cayeron más de un 70% desde su salida a bolsa en enero. En agosto, la empresa redujo sus previsiones de ingresos anuales en un 32%, culpando a una ralentización en los contratos gubernamentales. Al menos nueve analistas bajaron sus objetivos de precio en un promedio del 54%. Una demanda colectiva acusa a York de haber engañado a los inversores sobre sus perspectivas comerciales y su capacidad de cumplir con los contratos de defensa. Dave Vorland, quien fue subsecretario adjunto de política espacial y defensa antimisiles en la administración Biden, expresó la preocupación de forma clara: "No debería darse el caso de que se decida de antemano que se desea adjudicar un contrato a una empresa concreta y, a continuación, se redacten todos los criterios para que eso suceda".
El patrón se repite en otros contratos 'Golden Dome'. En mayo, la Fuerza Espacial adjudicó a SpaceX otro contrato de US$4.000 millones para construir satélites destinados a rastrear aeronaves y misiles extranjeros. Internamente, la Fuerza Espacial había querido otorgarlo en exclusiva a SpaceX, pero el Congreso presionó para que se abriera a la competencia. Incluso después de esa presión, los requisitos de capacidad de lanzamiento y producción fueron tan exigentes que solo SpaceX podía cumplirlos. SpaceX también ganó un contrato para una red de seguimiento de misiles y forma parte del consorcio que desarrolla el software central del proyecto. En total, la empresa se ha convertido en el actor más involucrado en 'Golden Dome', tanto en alcance como en intensidad.
La razón de fondo es simple: SpaceX es, en este momento, la única empresa que puede fabricar satélites a la escala y velocidad que el Pentágono necesita. Ha reducido drásticamente el costo de poner satélites en órbita gracias al Falcon 9, fabrica internamente la mayoría de sus componentes y produce en serie a un ritmo que pocas empresas pueden igualar. Todd Harrison, investigador sénior en defensa del American Enterprise Institute, lo expresó así: "El problema con el que se tropieza es que, en estos momentos, solo hay una empresa capaz de fabricar satélites como estos a la escala y con la rapidez necesarias. Esto va a prolongar la dependencia, al menos en un futuro previsible".
Pero la concentración de poder en una sola empresa genera riesgos políticos y operacionales. SpaceX cuenta con un aliado cercano en Troy Meink, secretario de la Fuerza Aérea, quien supervisa la Fuerza Espacial. Meink dirigió anteriormente la Oficina Nacional de Reconocimiento, que bajo su liderazgo creó una red de inteligencia usando satélites de SpaceX. En febrero de 2025, las senadoras demócratas Elizabeth Warren y Tammy Duckworth enviaron una carta a Meink expresando preocupación por un posible trato de favor hacia SpaceX, después de que se conociera que el organismo de control interno del Pentágono estaba investigando si Meink había desviado indebidamente un contrato hacia la empresa. Según las respuestas escritas de Meink a los legisladores, Elon Musk estuvo presente en la entrevista que Meink tuvo con Trump para el cargo de secretario de la Fuerza Aérea.
La dependencia de SpaceX también expone los programas de defensa a los caprichos personales de Musk. En junio de 2025, tras un desacuerdo con Trump sobre un paquete fiscal, Musk amenazó con retirar de servicio la cápsula Dragon de SpaceX, que transporta astronautas hacia y desde la Estación Espacial Internacional. Mientras el Pentágono se apresura a poner en funcionamiento 'Golden Dome' antes de que finalice el mandato de Trump en 2028, el énfasis en la rapidez ha contribuido a una mayor dependencia de SpaceX, según personas familiarizadas con el asunto. La Fuerza Espacial ha intentado incorporar competidores en algunos programas: tras presión del Congreso, creó un grupo de proveedores para la red de seguimiento de misiles aéreos que incluye a Blue Origin y Rocket Lab, adjudicando tres contratos por un valor total de US$615 millones. Pero SpaceX sigue dominando los lanzamientos de seguridad nacional: este año recibió cinco lanzamientos de seguridad nacional mientras que United Launch Alliance, su principal competidor histórico, recibió solo dos.
York mantiene la esperanza de que el Congreso pueda presionar a la Fuerza Espacial para permitir mayor competencia. Su CEO, Dirk Wallinger, declaró en una conferencia en septiembre: "Necesitamos conseguir contratos. El gobierno reconoce —francamente, está recibiendo bastante presión por parte del Congreso— que es necesario que haya más competencia". Pero mientras SpaceX siga siendo la única empresa capaz de entregar a la velocidad y escala que el Pentágono exige, esa presión política chocará contra una realidad técnica y económica que favorece la concentración.
Citas Notables
No debería darse el caso de que se decida de antemano que se desea adjudicar un contrato a una empresa concreta y, a continuación, se redacten todos los criterios para que eso suceda— Dave Vorland, exsubsecretario adjunto de política espacial en la administración Biden
El problema es que, en estos momentos, solo hay una empresa capaz de fabricar satélites como estos a la escala y con la rapidez necesarias. Esto va a prolongar la dependencia, al menos en un futuro previsible— Todd Harrison, investigador sénior en defensa del American Enterprise Institute