Durante décadas, el movimiento fue considerado un bien universal para el cerebro. Un metaanálisis publicado en The Lancet Public Health, basado en más de 4,2 millones de personas, introduce ahora una distinción que la ciencia no puede ignorar: el ejercicio de ocio reduce el riesgo de demencia en un 24%, mientras que la actividad física laboral lo incrementa en un 20%. El contexto en que el cuerpo se mueve —si obedece al placer o a la necesidad económica— parece pesar tanto como el movimiento mismo en la salud del cerebro que envejece.