En Suecia, el 18 de septiembre, los ciudadanos eligieron un nuevo rumbo político al otorgar al bloque de centroizquierda una victoria ajustada pero significativa sobre los conservadores. Magdalena Andersson, líder socialdemócrata, emerge como la figura llamada a traducir ese mandato en un gobierno capaz de gobernar un parlamento fragmentado. El resultado, decidido por apenas tres escaños, recuerda que las democracias maduras también se transforman en los márgenes, donde cada voto pesa como una declaración de valores colectivos.