En las primeras horas de una mañana de octubre, Rusia descargó sobre Kiev más de cuatrocientos drones y casi treinta misiles, convirtiendo barrios residenciales y plantas de energía en escombros humeantes. Al menos seis personas perdieron la vida en todo el país y decenas resultaron heridas, entre ellas niños, mientras los sobrevivientes buscaban entre los restos de sus hogares algún fragmento de lo que fue su vida cotidiana. El ataque, uno de los más masivos sobre la capital ucraniana, reaviva la pregunta que ninguna negociación ha podido responder: cuándo y cómo termina una guerra que ya no
Sobrevivientes de bombardeo ruso en Kiev: "Esta es su paz"
Este es su mundo… esta es su paz
¿Qué hace que un ataque como este sea diferente de otros que ha sufrido Kiev?
La escala. 405 drones y 28 misiles en una sola noche. Pero lo que realmente marca la diferencia es que apuntaban directamente a civiles, a edificios de apartamentos, a infraestructuras que mantienen viva la ciudad. No es un ataque militar.
Los sobrevivientes hablan de paz, pero con sarcasmo. ¿Qué entienden ellos por paz?
Para Nadiia, para Olena, la paz es algo que no pueden imaginar mientras sigan muriendo estudiantes en sus edificios. Hablan de acuerdos porque necesitan creer que algo puede terminar esto. Pero el sarcasmo es su defensa.
¿Por qué Bohdan elige esas palabras exactas: "Este es su mundo, esta es su paz"?
Porque está mirando directamente la contradicción. Rusia dice que quiere paz. Esto es lo que esa paz parece. Escombros, sangre, gente sin hogar. Es una acusación envuelta en una frase corta.
¿Qué significa que las defensas hayan neutralizado 333 drones pero 55 llegaran a impactar?
Significa que no hay defensa perfecta. Significa que incluso cuando funciona bien, la gente muere. Significa que Kiev no está segura, nunca lo está.
¿Cómo sigue la vida después de una noche así?
No sigue. Se pausa. Los servicios de emergencia reparten cobijas. La gente cuenta sus historias a quien quiera escuchar. Pero nadie sabe qué viene mañana.
Le Pouls
- Rusia lanzó 405 drones y 28 misiles en un ataque nocturno coordinado que apuntó deliberadamente a zonas residenciales e infraestructuras energéticas de Kiev.
- Al menos seis personas murieron y 25 resultaron heridas, incluidos cinco niños, mientras cientos de familias quedaron sin hogar en cuestión de horas.
- Los sobrevivientes describen escenas de pánico y desorientación: vidrios que se quiebran en la oscuridad, heridas confundidas con lágrimas, edificios enteros reducidos a esqueletos de hormigón.
- Las defensas aéreas ucranianas lograron neutralizar 333 drones y seis misiles, pero 55 aparatos no tripulados y doce misiles encontraron sus objetivos en distintas partes del país.
- Entre los escombros, la esperanza de un acuerdo de paz choca con la incredulidad de quienes preguntan cómo negociar mientras la gente sigue muriendo en edificios de apartamentos.
En las primeras horas de una mañana de octubre, Rusia descargó sobre Kiev más de cuatrocientos drones y casi treinta misiles, convirtiendo barrios residenciales y plantas de energía en escombros humeantes. Al menos seis personas perdieron la vida en todo el país y decenas resultaron heridas, entre ellas niños, mientras los sobrevivientes buscaban entre los restos de sus hogares algún fragmento de lo que fue su vida cotidiana. El ataque, uno de los más masivos sobre la capital ucraniana, reaviva la pregunta que ninguna negociación ha podido responder: cuándo y cómo termina una guerra que ya no distingue entre frente de batalla y sala de estar.
El vidrio cruje bajo los pies mientras Bohdan Chernukha contempla lo que queda de un edificio de apartamentos en Kiev. Hace apenas horas, cientos de personas vivían allí. Ahora solo queda un esqueleto de hormigón chamuscado y el olor persistente a pólvora. La noche anterior, Rusia había lanzado 405 drones y 28 misiles contra la capital ucraniana, apuntando a barrios residenciales y plantas de energía. "Tenemos un edificio destruido", dice Bohdan. "Este es su mundo… esta es su paz".
Nadiia Zinchuk trabajaba en una tienda dentro de ese mismo edificio. Sentada en la acera con sangre seca en la mejilla, recuerda el momento exacto: las 7:20 de la mañana, un vidrio cedió ante la onda expansiva. "Empecé a gritar, no supe qué hacer. Creí que eran lágrimas, pero me sangraba la mano". A su alrededor, equipos de emergencia trabajaban en silencio entre puertas reventadas, balcones ennegrecidos y automóviles destrozados. Una mujer sostenía a su perro, aferrada al único fragmento intacto de su vida anterior.
Olena Tkachenko, de 47 años, recorría su barrio como si fuera un territorio extraño. "Había muchísimos edificios con las ventanas reventadas. Daba miedo", describió. Aun así, buscaba un resquicio de esperanza: "Si Europa nos escucha y nos ayuda, quizá logremos algún tipo de acuerdo de paz". Pero su voz sonaba atrapada entre el deseo y el desencanto.
Las defensas aéreas ucranianas neutralizaron 333 drones y seis misiles, aunque 55 aparatos no tripulados y doce misiles lograron impactar en distintas zonas del país. En Kiev, 25 personas resultaron heridas, incluidos cinco niños, y seis murieron en total. Nadiia rechazaba cualquier conversación sobre negociaciones: "¿De qué tipo de acuerdo de paz podemos hablar cuando la gente muere así? Aquí vivían estudiantes, no había soldados". Iryna Zelena, otra vecina, era aún más directa: "No creo en esas negociaciones. No veo un final para todo esto". En Kiev, la paz solo existe sepultada bajo los escombros del sarcasmo.
El vidrio cruje bajo los pies de Bohdan Chernukha mientras contempla lo que queda de un edificio de apartamentos en Kiev. Hace apenas horas era un lugar donde vivían cientos de personas. Ahora es un esqueleto de hormigón y acero, chamuscado por el fuego. El aire de la ciudad aún huele a pólvora y polvo. Una noche antes, Rusia lanzó 405 drones y 28 misiles contra la capital ucraniana. La mayoría apuntaba a barrios residenciales y plantas de energía. Cuando Bohdan mira los escombros, encuentra las palabras justas para lo que ve: "Tenemos un edificio destruido. Este es su mundo… esta es su paz".
Nadiia Zinchuk trabajaba en una tienda en ese mismo edificio. Ahora está sentada en la acera, con sangre seca en la mejilla. Recuerda el momento exacto: las 7:20 de la mañana. Un vidrio cedió al impacto de la explosión. Sintió un dolor agudo en la cara. "Era vidrio", dice. "Empecé a gritar, no supe qué hacer. Creí que eran lágrimas, pero me sangraba la mano". Mientras habla, suena su teléfono. La urgencia de lo irrecuperable no espera.
Alrededor del edificio, equipos de emergencia trabajan en silencio denso. Puertas reventadas. Ventanas sin cristales. Balcones ennegrecidos por el humo. Automóviles destrozados yacen entre el polvo. Una mujer sostiene a su perro, aferrada al único fragmento intacto de su vida anterior. Una niña observa el cielo, preguntándose quizá si el rugido volverá.
Olena Tkachenko, de 47 años, recorre las calles de su barrio como si fueran extrañas. Describe lo que vio después del ataque: "Había muchísimos edificios con las ventanas reventadas. Daba miedo". Aún así, busca esperanza. "Si Europa nos escucha y nos ayuda, quizá logremos algún tipo de acuerdo de paz", dice, aunque su voz suena atrapada entre la esperanza y el desencanto.
Las defensas aéreas ucranianas neutralizaron 333 drones y seis misiles balísticos. Pero 55 aparatos no tripulados y doce misiles impactaron en diversas zonas del país. En Kiev, al menos 25 personas resultaron heridas, incluidos cinco niños. Seis personas murieron en todo el país. Las autoridades confirman que el objetivo fue infraestructuras energéticas y viviendas civiles.
Nadiia rechaza el cinismo de las negociaciones. "¿De qué tipo de acuerdo de paz podemos hablar cuando la gente muere así?", pregunta, señalando el portal convertido en ruina. "Aquí vivían estudiantes, no había soldados". Iryna Zelena, otra vecina del edificio atacado, es más directa: "No creo en esas negociaciones. No veo un final para todo esto".
Los servicios de emergencia extraen a quienes quedan atrapados. Reparten cobijas. Levantan barreras contra la resignación. Las explosiones han cesado, pero cada ventana rota, cada huella de cristal, cada palabra crispada de los sobrevivientes, construye el retrato de una ciudad que resiste sin certezas. En Kiev, la paz solo existe bajo los escombros del sarcasmo.
Citations marquantes
¿De qué tipo de acuerdo de paz podemos hablar cuando la gente muere así? Aquí vivían estudiantes, no había soldados— Nadiia Zinchuk, residente del edificio atacado
No creo en esas negociaciones. No veo un final para todo esto— Iryna Zelena, vecina del edificio atacado