En el silencio de una sala entre colegas, un hombre que ha pasado décadas aprendiendo a no perder la compostura la perdió por completo: Slavko Vincic, árbitro esloveno de 46 años, rompió en llanto cuando la FIFA lo designó para dirigir la final del Mundial entre Argentina y España en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Es uno de esos instantes en que la disciplina de toda una vida cede ante la magnitud de un sueño cumplido, recordándonos que detrás de cada figura de autoridad hay una persona que también anhela y que también siente.