En menos de una década, la empresa española Singularu ha recorrido el camino que separa una tienda singular de una operación comercial que factura 42 millones de euros anuales en bisutería. Su trayectoria no habla de golpes de suerte, sino de la paciencia y precisión con que un negocio pequeño puede encontrar su escala sin perder su esencia. En el espacio donde la moda se roza con la accesibilidad, Singularu ha demostrado que la especialización, cuando es genuina, puede convertirse en ventaja duradera.