García Harfuch, secretario de seguridad, se instala en Sinaloa para coordinar operativos contra el Cartel, realizando decomisos de fentanilo y detenciones diarias como estrategia de control narrativo. El Operativo Enjambre en Estado de México busca golpear la corrupción política y policial, pero los resultados en capturas aún no se reflejan en estadísticas de homicidios que permanecen críticas.
Sheinbaum busca controlar la agenda de seguridad con golpes de efecto contra el crimen
Las capturas no se traducen en vidas salvadas
¿Por qué García Harfuch se instala en Sinaloa en lugar de gobernar desde Ciudad de México?
Porque la presencia física es el mensaje. Sheinbaum necesita mostrar que esto es serio, que no hay pactos con el crimen. García Harfuch en Sinaloa es la prueba visible de esa promesa.
Pero los números de homicidios no bajan. ¿De qué sirven 6.745 detenciones si en octubre y noviembre hubo 2.500 asesinatos?
Esa es la contradicción central. Las capturas no se traducen en vidas salvadas. El gobierno está jugando un juego de narrativa mientras la violencia sigue su curso.
¿Entonces estos operativos son solo teatro?
No es solo teatro. Los decomisos de fentanilo son reales, las detenciones ocurren. Pero el teatro es la forma en que se presentan, como si fueran la solución cuando apenas son síntomas de un problema mucho más profundo.
¿Qué hace que el Operativo Enjambre sea diferente?
Toca algo más delicado: la corrupción política. Pero si solo golpea al Estado de México y no se extiende a Guerrero, Michoacán y Morelos, donde operan los mismos grupos, es como limpiar una habitación mientras el fuego consume la casa.
¿Cuál es el verdadero reto?
Que los procesos judiciales prosperen. Muchos operativos espectaculares se desinflan en los juzgados. Si los detenidos no son condenados, entonces todo esto es solo ruido que distrae de una realidad que no cambia.
Le Pouls
- García Harfuch se instala en Sinaloa para coordinar operativos contra el Cartel
- 6.745 detenciones desde el 1 de octubre, pero octubre y noviembre sumaron más de 2.500 asesinatos
- Decomiso de tonelada y media de fentanilo en Los Mochis, el mayor en la historia
- México registra más de 30.000 asesinatos anuales desde 2017
- Operativo Enjambre en Estado de México contra corrupción política y policial
García Harfuch, secretario de seguridad, se instala en Sinaloa para coordinar operativos contra el Cartel, realizando decomisos de fentanilo y detenciones diarias como estrategia de control narrativo. El Operativo Enjambre en Estado de México busca golpear la corrupción política y policial, pero los resultados en capturas aún no se reflejan en estadísticas de homicidios que permanecen críticas.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum despliega operativos de alto impacto mediático contra la delincuencia, con García Harfuch en Sinaloa buscando mostrar avances mientras México mantiene más de 30.000 asesinatos anuales desde 2017.
Claudia Sheinbaum tiene tres meses de gobierno cuando llega el Año Nuevo, y cada uno de esos días ha estado marcado por la misma pregunta sin respuesta: ¿puede esta administración detener la sangría de violencia que desangra a México? El período de gracia se agota. Lo que queda es una apuesta por el efecto visual: decomisos espectaculares, detenciones en cadena, operativos que ocupen las primeras planas. Y en el centro de esa estrategia está Omar García Harfuch, el secretario de Seguridad Federal, quien hace semanas se instaló en Sinaloa, donde las facciones del cartel que lleva el nombre del estado libran una guerra sin tregua desde septiembre por el control del negocio criminal.
La presencia de García Harfuch en Sinaloa envía dos mensajes simultáneos. Hacia adentro, Sheinbaum muestra a la sociedad mexicana que la batalla contra el crimen es seria, que no hay pactos ni negociaciones, una insistencia que ella misma ha repetido en sus conferencias de prensa. Hacia afuera, particularmente hacia Washington, la presidenta demuestra que la lucha contra el Cartel de Sinaloa es prioridad nacional, un gesto dirigido tanto a la administración Biden como al futuro gobierno de Donald Trump, que asumirá en cuestión de semanas. García Harfuch, un policía de carrera con cicatrices de bala en el cuerpo, es el mensajero perfecto para este relato: durante el sexenio anterior, cuando Sheinbaum gobernaba Ciudad de México y él era su secretario de seguridad, obtuvieron resultados que ahora avalan su gestión.
La máquina de comunicación del gobierno funciona con precisión casi diaria. Casi cada jornada, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana anuncia detenciones, decomisos, operativos. El día de Navidad, por ejemplo, informó de la captura de cuatro presuntos integrantes de Los Chapitos, una de las facciones en pugna del cartel sinaloense, junto con cuatro armas largas, una ametralladora Minimi y un lanzagranadas. Hace poco más de dos semanas, García Harfuch anunció el decomiso de fentanilo más grande en la historia del país: tonelada y media de pastillas en Los Mochis. Mientras tanto, Sheinbaum visitó Mazatlán para hablar de esperanza, de un hospital nuevo, de hectáreas de cultivos de regadío optimizados. El mensaje es deliberadamente dual: seguridad y desarrollo, mano dura y promesa.
Los números que el gobierno destaca son impresionantes en apariencia. García Harfuch informó antes de Navidad que se habían realizado 6.745 detenciones desde el 1 de octubre, cuando comenzó la administración. Sin decirlo explícitamente, el funcionario marcaba distancia con el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Pero hay un problema que los números no resuelven: en octubre y noviembre de este año, México registró más de 2.500 asesinatos. Las capturas no se traducen en vidas salvadas. El país sigue contando más de 30.000 homicidios anuales, una cifra que se repite desde 2017. La violencia homicida está fuera de control en Guerrero, Morelos, Guanajuato, Baja California y Sinaloa. La extorsión, un crimen que rara vez se denuncia, aumentó 15% en el último año según reconoció el propio gobierno antes de Navidad.
El Operativo Enjambre, desplegado en el Estado de México, representa el segundo frente de esta estrategia. Presentado como un golpe contundente contra la corrupción política y policial, ha resultado en la detención de jefes de policía de varios municipios y altos funcionarios, con apoyo de militares y marinas. Pero aquí también emerge el dilema fundamental: el éxito será efímero si no trasciende fronteras. El corredor que forman Morelos, Estado de México, Guerrero y Michoacán muestra por qué. En muchos municipios de esos estados, la línea entre el crimen organizado y el poder político es casi invisible. Los grupos delincuenciales ven en el control de presupuestos municipales y jerarquías locales una oportunidad de negocio menos riesgosa que el narcotráfico. El asesinato del alcalde de Chilpancingo en octubre lo ilustra. El cobro de peajes en actividades económicas lícitas, como la enorme producción agrícola de Michoacán, completa el cuadro.
El verdadero desafío para Sheinbaum y García Harfuch no está en los operativos espectaculares, sino en lo que sucede después. Muchas veces, operativos rutilantes se desinflan en los juzgados. Los procesos penales son lentos, frágiles, vulnerables a la corrupción. Si el Operativo Enjambre permanece confinado al Estado de México, si no se extiende a Michoacán, Guerrero y otros estados donde operan los mismos grupos criminales, el golpe será superficial. Y si la justicia no prospera, si los detenidos no son condenados, entonces todo esto, los decomisos, las detenciones, los anuncios diarios, será solo ruido. Sheinbaum tiene tres meses de gobierno. México aguarda un descenso significativo de la criminalidad después de casi dos décadas. Todo éxito o fracaso de su administración pasa necesariamente por resolver esto.
Citations marquantes
El Gobierno reconoció antes de Navidad que las investigaciones abiertas por extorsión aumentaron un 15% en el último año— Gobierno de Claudia Sheinbaum
Sheinbaum ha insistido varias veces en sus conferencias de prensa que no hay pactos, treguas, ni negociaciones con el crimen— Claudia Sheinbaum