En el sur de Madrid, ante 55.000 personas, Shakira inauguró su residencia de doce noches con un espectáculo que celebra su resurrección artística tras años de silencio discográfico. La colombiana ofreció dos horas de derroche visual, treinta canciones y un mensaje de sororidad que el público recibió con entrega total. Sin embargo, como ocurre con los grandes monumentos, la perfección de la forma puede ocultar la ausencia de algo más difícil de nombrar: el riesgo que convierte un concierto en un hecho histórico.