En el barrio madrileño de Villaverde, Shakira ha convertido su arraigo europeo en arquitectura: un estadio temático que lleva su nombre y que, con capacidad para cincuenta mil personas, no es simplemente un recinto de conciertos, sino la expresión física de una pertenencia construida durante años de vida cotidiana en España. Los doce conciertos y el festival cultural que albergará el complejo revelan cómo una artista puede transformar la residencia en identidad, y la identidad en espacio compartido.