Los votos no son de los dirigentes. Son de cada ciudadano y ciudadana.
Cuando las urnas cerraron y Sergio Fajardo quedó fuera de la segunda vuelta colombiana con más de un millón de votos, eligió transformar la derrota en una declaración de principios. Desde ese umbral entre la contienda y el retiro, el exgobernador antioqueño advirtió que los discursos encendidos de los finalistas presagian un camino peligroso para la democracia, y recordó que los votos no son moneda de cambio sino expresión soberana de ciudadanos libres. Su anuncio de un 'decálogo del millón' es, en el fondo, la pregunta que toda democracia polarizada debe hacerse: ¿qué ocurre con quienes se niegan a elegir entre dos extremos?
- Fajardo cosechó 1.009.073 votos —una tercera fuerza real— pero las reglas del balotaje lo dejaron fuera, convirtiendo su resultado en poder sin escaño.
- La noche del domingo lo perturbó: los discursos de De la Espriella y Cepeda sonaron, a sus oídos, inflamados, sectarios y amenazantes para quienes votaron distinto.
- El excandidato lanzó un llamado público a ambos finalistas para que la segunda vuelta sea una campaña limpia, con debates y sin profundizar la fractura que ya divide al país.
- Se negó rotundamente a entregar su bloque de votos a ningún candidato, insistiendo en que esos votos pertenecen a cada ciudadano y no a los dirigentes políticos.
- Para el 3 de junio anunció el 'decálogo del millón': un documento de principios que busca ofrecer gobernabilidad y centralidad al próximo gobierno, sin importar quién gane el 21 de junio.
Sergio Fajardo no pasó a la segunda vuelta, pero el lunes su voz ocupó las redes con la fuerza de quien acaba de demostrar algo. Sus 1.009.073 votos —el 4,26 por ciento del total— lo convirtieron en la tercera fuerza política del país, mientras Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda avanzaban solos hacia el balotaje del 21 de junio. Para Fajardo, esa cifra no era una derrota menor: era la evidencia de que Colombia albergaba una franja considerable de ciudadanos que se habían resistido a la polarización.
Lo que escuchó la noche del domingo lo inquietó profundamente. Los discursos de celebración de los dos finalistas le parecieron inflamados, sectarios y agresivos hacia quienes habían votado de otra manera. En las horas siguientes, los posicionamientos que observó le resultaron peligrosos para la vida democrática. Sin señalar a nadie por su nombre, hizo un llamado directo a ambos candidatos: que la campaña de segunda vuelta sea limpia, con debates reales y una cultura democrática que no ahonde aún más la grieta que ya divide al país.
Sobre el destino de su millón de votos, fue categórico: no los entregaría como bloque a ninguno. Los votos, escribió, pertenecen a cada ciudadano y ciudadana, no a los dirigentes. Anunció que el 3 de junio presentaría el llamado 'decálogo del millón', un documento con los principios y propuestas que, en su lectura, ofrecen gobernabilidad y centralidad al próximo gobierno sin importar quién resulte ganador. Era su manera de permanecer en el tablero político sin ceder sus cartas a nadie.
Sergio Fajardo no avanzó a la segunda vuelta, pero su voz siguió resonando el lunes en las redes sociales. El exgobernador de Antioquia había cosechado más de un millón de votos en la primera ronda electoral —1.009.073 exactamente, el 4,26 por ciento del total— cifra que lo posicionaba como tercera fuerza política del país. Abelardo De la Espriella y Iván Cepeda, con 10.361.499 y 9.688.361 votos respectivamente, avanzaban solos hacia el balotaje del 21 de junio. Pero Fajardo, acompañado en su fórmula por Edna Bonilla, decidió que su derrota no significaba silencio.
En un mensaje publicado en X, Fajardo revindicó el peso político de su resultado. Argumentó que Colombia había expresado, a través de esos votos, que existían otras formas de hacer política, tanto en la manera como en el contenido. Esas ideas, escribió, seguían presentes de manera significativa. No estaba solo: otros bloques de voto moderado y de centro también habían dejado huella en la jornada. Lo que Fajardo veía en los números era una franja considerable del electorado que se había resistido a la polarización, que había expresado lo que él llamaba su pluralidad.
Pero la noche del domingo lo había preocupado. Cuando De la Espriella e Iván Cepeda celebraron sus victorias, Fajardo escuchó discursos que describió como inflamados, sectarios y agresivos hacia quienes habían votado de manera distinta. Esos discursos, escribió, presagiaban lo peor para Colombia. Y en las horas que siguieron a la primera vuelta, las cosas no mejoraron. Hubo posicionamientos que le parecieron peligrosos para la vida democrática del país. No nombró a nadie específicamente, pero su inquietud era clara.
Por eso Fajardo hizo un llamado directo a ambos candidatos finalistas. Les pidió una campaña limpia, con debates, con una cultura democrática renovada que no profundizara aún más la grieta que ya dividía a Colombia. Esa polarización, insistió, era una amenaza grave para el futuro compartido. No era un pedido tímido ni una sugerencia al pasar. Era una advertencia desde alguien que acababa de demostrar que una tercera vía tenía capacidad de convocatoria.
Sobre el destino de sus votos, Fajardo fue categórico. No los entregaría como bloque a ninguno de los dos candidatos. Los votos, escribió, no pertenecen a los dirigentes políticos. Pertenecen a cada ciudadano y ciudadana, y esos ciudadanos son libres. Esa libertad era, en su lectura, el verdadero mandato que había recibido. Anunció que el martes 3 de junio presentaría lo que denominó el decálogo del millón: un documento que recogería los principios y propuestas que, según su interpretación, ofrecían gobernabilidad y centralidad al nuevo gobierno, sin importar quién ganara el 21 de junio. Era su forma de mantener presencia política sin entregar sus cartas a nadie.
Citações Notáveis
Lamentablemente, el mismo domingo en la noche, escuchamos a los ganadores discursos inflamados, sectarios y agresivos hacia los que votaron distinto— Sergio Fajardo
Hacemos un llamado a los candidatos a una campaña limpia, con debates, con una renovada cultura democrática— Sergio Fajardo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Fajardo insiste en que sus votos no son un bloque que pueda entregar?
Porque entiende que esos más de un millón de personas votaron por él, no por un partido o una máquina política. Si entrega esos votos como moneda de cambio, traiciona lo que representaban.
Pero entonces, ¿cuál es su poder real en una segunda vuelta donde él no está?
Su poder es exactamente lo que hizo el lunes: definir el tono de la conversación. Fajardo tiene legitimidad para hablar de polarización porque su voto fue un rechazo a ella.
¿Cree que De la Espriella o Cepeda van a escuchar su llamado a una campaña limpia?
Eso depende de si creen que necesitan a esos votantes moderados. Si la segunda vuelta es cerrada, como sugieren los números, entonces sí. Si no, probablemente ignoren el mensaje.
¿Qué es realmente ese decálogo del millón?
Es su forma de mantener una agenda política viva sin comprometerse con ningún candidato. Es decir: estos son los temas que importan, estos son los principios que no negociamos, sin importar quién gane.
¿Eso lo posiciona para 2030?
Posiblemente. Demuestra que hay espacio electoral para una tercera vía. Y que esa tercera vía puede ser influyente incluso cuando no gana.