Cada septiembre, el cielo recuerda que los ciclos no se detienen: mientras el verano cede su lugar al otoño en el hemisferio norte, los planetas y la Luna continúan su danza milenaria sobre nuestras cabezas. En 2026, ese mes de transición llega cargado de encuentros visuales entre la Luna y los planetas, el brillo máximo de Venus, lluvias de meteoros moderadas y el equinoccio que reequilibra el día y la noche. Es un mes que invita a mirar hacia arriba no por el espectáculo extremo, sino por la belleza serena de un cosmos en movimiento constante.