En un momento donde Chile busca reconciliar su historia con su futuro, el Senado aprobó con amplia mayoría a 12 expertos que, junto a otros 12 de la Cámara de Diputados, redactarán el texto base de una nueva Constitución. Este segundo intento constituyente nace del rechazo ciudadano a una propuesta anterior considerada demasiado rupturista, y avanza ahora bajo reglas más acotadas, con los partidos políticos en el centro del proceso. Chile vuelve a preguntarse, como tantas naciones antes, quién tiene el derecho y la legitimidad de escribir el pacto que define a un pueblo.
Senado chileno aprueba lista de 12 expertos para redactar nueva Constitución
Una Constitución de partidos políticos que han traído a sus amigos
¿Por qué fue tan difícil elegir a estos 24 expertos? Parecería una tarea administrativa.
Porque los partidos querían asegurar que sus visiones estuvieran representadas. Y porque la paridad de género se convirtió en un obstáculo real: las listas iniciales llegaron con demasiados hombres.
Pero hay algo más profundo aquí. Los mejores cuadros de algunos partidos ya estaban inhabilitados por haber participado antes, y otros estaban en el Gobierno. Así que en realidad estaban eligiendo entre sus opciones disponibles, no entre sus opciones ideales.
¿Y eso importa para el resultado final?
Mucho. Estos expertos van a redactar el texto base. Si no tienen el peso intelectual o la experiencia que se esperaba, eso se va a notar en lo que escriban.
Aunque también hay que decir que esta vez hay 12 principios institucionales que limitan lo que pueden hacer. No es como el proceso anterior, donde la convención tenía más libertad.
¿Entonces los expertos tienen menos poder que antes?
Tienen un poder diferente. No pueden refundar el país, pero sí pueden darle forma a cómo se interpreta eso. Y van a acompañar a los consejeros durante todo el proceso.
Lo que nadie sabe es si esos 12 principios van a sostenerse cuando la política real empiece. Los acuerdos pueden romperse.
¿Qué pasó con los independientes? Campillay parecía muy molesta.
Tiene razón en que no están en la lista de expertos. El primer proceso fue más abierto a candidatos sin afiliación. Este es más cerrado, más controlado por los partidos.
Aunque hay que ser precisos: los consejeros sí serán elegidos por voto popular el 7 de mayo. Así que los independientes pueden llegar por ahí, aunque no estén en la comisión de expertos.
El Pulso
- El 62,5% de los chilenos rechazó en septiembre la propuesta constitucional anterior, dejando al país sin una hoja de ruta clara y con una Constitución heredada de la dictadura de Pinochet aún vigente.
- Las negociaciones para elegir a los expertos estuvieron a punto de fracasar por desequilibrios de género en las listas iniciales, obligando a los partidos a regresar a la mesa en un proceso descrito como frágil.
- Voces críticas como la de la senadora Fabiola Campillay —víctima de represión policial en 2019— advirtieron que el resultado excluye a independientes y organizaciones sociales, convirtiéndose en una constitución de partidos.
- Los 24 expertos deberán redactar el texto base, acompañar a los consejeros constituyentes elegidos el 7 de mayo y resolver normas en disputa, todo bajo 12 principios institucionales que limitan el alcance de la reforma.
- El proceso culminará en un plebiscito el 17 de diciembre, con el reloj corriendo y la legitimidad del resultado dependiendo de acuerdos entre fuerzas políticas históricamente distantes.
En un momento donde Chile busca reconciliar su historia con su futuro, el Senado aprobó con amplia mayoría a 12 expertos que, junto a otros 12 de la Cámara de Diputados, redactarán el texto base de una nueva Constitución. Este segundo intento constituyente nace del rechazo ciudadano a una propuesta anterior considerada demasiado rupturista, y avanza ahora bajo reglas más acotadas, con los partidos políticos en el centro del proceso. Chile vuelve a preguntarse, como tantas naciones antes, quién tiene el derecho y la legitimidad de escribir el pacto que define a un pueblo.
El miércoles, el Senado chileno cerró semanas de negociación al aprobar con 41 votos a favor, 3 en contra y 1 abstención a 12 expertos que se sumarán a otros 12 ya elegidos por la Cámara de Diputados. Juntos redactarán el texto base para una nueva Constitución, el segundo intento del país tras el contundente rechazo ciudadano de septiembre pasado.
El camino hasta la votación no fue sencillo. Las propuestas iniciales llegaron con mayoría de hombres, lo que obligó a los comités partidarios a renegociar las listas. Finalmente, la centro-izquierda, la izquierda y la coalición Chile Vamos presentaron perfiles académicos con experiencia estatal, aunque varios partidos enfrentaron la dificultad de que sus figuras más destacadas ya habían participado en el proceso anterior y estaban inhabilitadas.
Durante el debate, las posiciones reflejaron las tensiones del momento. La senadora comunista Claudia Pascual subrayó que los expertos por sí solos no garantizaban nada: lo esencial era que lo social y lo político dialogaran para superar la Constitución de la dictadura. El senador de derecha Javier Macaya celebró el hito, pero advirtió que el éxito dependería de los acuerdos entre fuerzas políticas. La voz más crítica fue la de la senadora independiente Fabiola Campillay, quien cuestionó la ausencia de independientes y organizaciones sociales, y calificó el resultado como una constitución de partidos que trajeron a sus propios expertos.
El nuevo proceso opera bajo reglas distintas al anterior. Los 24 especialistas redactarán el borrador base, acompañarán a los consejeros constituyentes elegidos el 7 de mayo e integrarán por sorteo una comisión mixta para resolver normas en disputa. Todo ello deberá ajustarse a 12 principios institucionales preacordados, diseñados para evitar una propuesta refundacional. El plebiscito final está fijado para el 17 de diciembre, y el día siguiente a la votación senatorial se ratificaron también los 14 juristas del Comité Técnico de Admisibilidad, encargado de velar por el cumplimiento de esos principios. Chile vuelve a intentarlo, esta vez con los partidos en el centro y el tiempo corriendo.
El Senado chileno votó el miércoles para sellar una decisión que llevaba semanas de negociación: aprobar a 24 expertos que redactarían el texto base para una nueva Constitución. Con 41 votos a favor, 3 en contra y 1 abstención, la cámara alta ratificó a 12 especialistas que se sumarían a otros 12 ya elegidos por la Cámara de Diputados el día anterior. El resultado fue amplio, pero las tensiones que precedieron la votación dejaron claro que el consenso era frágil.
La negociación más ardua había girado en torno a la paridad de género. Las propuestas iniciales llegaron cargadas de hombres, lo que obligó a los comités de los partidos a volver a la mesa de trabajo. La centro-izquierda propuso a Gabriel Osorio, Catalina Lagos, Francisco Soto, Leslie Sánchez y Alejandra Krauss. La izquierda nombró a Magaly Fuenzalida. La coalición de derecha Chile Vamos sugirió a Hernán Larraín, Bettina Horst, Teodoro Ribera, Jaime Arancibia, Katherine Martorell y Sebastián Soto. Todos contaban con perfiles académicos sólidos y experiencia en la administración estatal, aunque algunos partidos enfrentaban un problema práctico: sus mejores cuadros ya habían participado en el proceso constituyente anterior y ahora estaban inhabilitados. Además, muchas figuras destacadas trabajaban en cargos del Gobierno.
Durante la votación, la senadora comunista Claudia Pascual advirtió que la presencia de expertos no garantizaba nada por sí sola. Lo que importaba, dijo, era que lo social y la política dialogaran y permitieran dejar atrás la Constitución de la dictadura de Augusto Pinochet, el texto que rigió durante las más profundas violaciones de derechos humanos. El senador de derecha Javier Macaya, por su parte, llamó al momento un hito fundacional e insistió en que el éxito dependería de los acuerdos entre las distintas fuerzas políticas. Pero la senadora independiente Fabiola Campillay, quien había sido víctima de represión policial durante las protestas de 2019 que abrieron el primer proceso constituyente, fue más crítica. Cuestionó que los independientes y las organizaciones sociales estuvieran ausentes de la lista, y caracterizó el resultado como una Constitución de partidos políticos que habían traído a sus amigos como expertos.
Los 24 expertos tendrían tres responsabilidades principales. Primero, redactar el texto base que serviría de punto de partida para el nuevo proceso. Segundo, acompañar durante todo el camino a los consejeros del órgano constituyente, que serían elegidos en las urnas el 7 de mayo. Tercero, integrar por sorteo una comisión mixta que resolvería normas en disputa. El plazo era ajustado: los consejeros tendrían cinco meses para elaborar la propuesta que luego votaría la ciudadanía en un plebiscito programado para el 17 de diciembre.
Este segundo intento constituyente operaba bajo reglas distintas a las del anterior. El acuerdo político incluía 12 principios institucionales que debía seguir el órgano redactor, principios diseñados para evitar una propuesta refundacional como la que los votantes habían rechazado el 4 de septiembre, cuando más del 62.5 por ciento dijo no a un texto redactado por una convención de mayoría progresista integrada por ciudadanos independientes sin afiliación partidaria. Pese a ese rechazo, existía consenso en que la Constitución actual, instaurada durante la dictadura, debía ser reemplazada. Lo que dividía era cómo hacerlo y quién debería hacerlo. Esta vez, los partidos políticos habían asegurado un lugar central en el proceso, tanto a través de los expertos como a través de los 12 pilares que limitarían el alcance de la reforma. El jueves, además, se ratificaron a 14 juristas que conformarían el Comité Técnico de Admisibilidad, un espacio que jugaría un rol arbitral y velaría por el cumplimiento de esos principios preacordados.
Citas Notables
Este proceso no está garantizado porque hayan expertos y expertos, solo se garantizará si lo social y la política dialogan— Claudia Pascual, senadora del Partido Comunista
Es una Constitución de partidos políticos que han traído a sus amigos como expertos— Fabiola Campillay, senadora independiente