Sebastopol bajo asedio aéreo: la guerra de Putin amenaza con ser interminable

La población civil de Sebastopol sufre cortes de electricidad y agua, escasez de combustible, y vive bajo constantes alarmas antiaéreas y bombardeos que afectan su vida cotidiana.
De la forma en que Putin lleva la guerra, será interminable
Un veterano militar ruso reflexiona sobre el futuro del conflicto mientras juega con su nieto en un parque de Sebastopol.

Ucrania ha lanzado una ofensiva contra infraestructuras rusas en Crimea, dejando sin suministro eléctrico a Sebastopol durante tres días y obligando a racionar combustible. La ciudad de 350.000 habitantes intenta recuperar la normalidad con restricciones de electricidad y combustible, mientras los bombardeos continúan a intervalos de horas.

  • Sebastopol, ciudad de 350.000 habitantes, fue dejada sin electricidad durante tres días por ataques ucranianos
  • Rusia ha racionado combustible a 20 litros máximo por vehículo usando códigos QR
  • El crucero insignia Moskvá fue hundido en abril de 2022 por misiles ucranianos
  • Crimea no había escuchado un disparo desde su anexión en 2014 hasta la ofensiva rusa de febrero de 2022

Sebastopol, base naval rusa en Crimea, sufre bombardeos constantes de Ucrania que han dejado sin electricidad la ciudad y fuerzan racionamientos de combustible. Los ataques con drones y misiles de precisión representan una nueva forma de guerra que ha paralizado infraestructuras rusas.

Sebastopol despierta estos días al sonido de las sirenas antiaéreas. La principal ciudad de Crimea, territorio ocupado por Rusia desde 2014, vive bajo un asedio que no tiene precedentes en su historia: no viene del mar ni de la tierra, sino del aire. Durante cuatro años de guerra abierta, la ciudad ha permanecido relativamente protegida por su distancia del frente. Ahora, los drones y misiles de precisión ucranianos han convertido esa distancia en irrelevante. Las explosiones rasgan el cielo a intervalos de horas. La base naval rusa del mar Negro, que durante décadas fue símbolo de poder proyectado, ha tenido que racionar combustible. Nadie asoma a la entrada de la bahía, pero la ciudad de 350.000 habitantes está siendo estrangulada desde arriba.

La semana pasada, un ataque ucranio dejó a Sebastopol sin electricidad durante tres días. El agua desapareció de los grifos. Los refrigeradores se vaciaron. Los cafés reabrieron cuando la luz regresó, y por un momento pareció que la vida podría volver a su cauce. Pero fue un espejismo de apenas dos días. El gobernador Mijaíl Razvozhayev anunció nuevas restricciones de electricidad. Las recomendaciones fueron precisas: no usen ascensores, carguen sus teléfonos cuando puedan. La ciudad entró nuevamente en modo de emergencia. Simultáneamente, las autoridades implementaron un sistema de racionamiento de combustible: cada vehículo podría obtener un máximo de 20 litros usando códigos QR distribuidos caso a caso. La logística de la ciudad apenas se sostiene gracias a la proliferación de vehículos híbridos y eléctricos.

En la superficie, Sebastopol intenta mantener la apariencia de normalidad. Los paseantes caminan por el malecón. Una novia se fotografía con sus amigas al atardecer, la bahía de fondo. Los niños juegan en los parques. Una orquesta canta Felicità en un restaurante, aparentemente ajena a la contienda. Pero la ciudad lleva cicatrices visibles: enormes bloques de hormigón —refugios rápidos llamados ukrytiye— se han fusionado con el paisaje urbano. Las alarmas antiaéreas suenan con regularidad. A las once de la noche, las sirenas despiertan a los residentes. Minutos después, dos explosiones potentes hacen temblar los edificios. A las seis de la mañana, el ciclo se repite: primero las sirenas, luego los estallidos. El gobernador informa por Telegram que las defensas antiaéreas han rechazado ataques, que 29 drones fueron derribados. Pero la ciudad regresa a su rutina solo para que, pasado el mediodía, vuelvan a sonar las alarmas.

Tatiana, madre de una niña de unos diez años, observa a su hija jugar con una amiga mientras reflexiona sobre lo que está sucediendo. "La vida sigue, hay que continuar, aunque creo que todo será todavía peor", dice con resignación. Ella pasó tres días sin luz ni agua. La comida de su refrigerador se echó a perder. Tuvo que comprar agua en las tiendas. Los ataques son constantes contra las instalaciones militares, los barcos, las infraestructuras energéticas. Su único consuelo es que su hija y la amiga que llegó hace un mes "no entienden lo que está sucediendo". Liubov, una jubilada que vive cerca del museo de la defensa de Sebastopol, muestra una resignación similar. "Esperamos y esperamos. Uno nunca sabe qué pasará, no depende de ti", dice mientras juega con su perro Tioma. Ella ha vivido en la ciudad durante 30 años, muchos de ellos como pareja de un militar ruso. "Esta es una ciudad militar", enfatiza, matizando que lo que ocurre es una "operación militar especial", no una guerra, como las autoridades rusas insisten en llamarlo.

Pero no todos comparten la fe ciega en la victoria. Vladímir Ivanov, pensionista y antiguo jefe de un pelotón de reconocimiento de la infantería de marina, columpia a su nieto en el parque Komsomol mientras habla con una claridad que contrasta con la propaganda oficial. "De la forma en la que Putin está llevando la guerra, esta será interminable", dice. Su tatarabuelo figura en el museo sobre la defensa de Sebastopol durante la guerra de Crimea de 1854-1855. Ese museo fue dañado por un ataque ucranio el 10 de junio y permanecerá cerrado hasta el próximo año. Ivanov es fatalista. "Como dicen algunos, quien está destinado a ser ahorcado no se ahogará. Todo esto es triste. Tenemos muchos problemas aquí, y además tenemos que tolerar a los fascistas", afirma, culpando a Ucrania y a las autoridades soviéticas por el conflicto actual. Alexéi, un militar en activo que pasea junto a la bahía de Pivdenna, ofrece una proyección diferente: "Con este conflicto pasará como con la guerra de Chechenia. Se firmará una tregua y los combates se reanudarán en un par de años, aunque quizás sean menos intensos".

La amenaza de las armas de largo alcance ucranias ha reconfigurado la guerra naval. La armada rusa ha sido efectivamente neutralizada en el frente. Algunos navíos han sido retirados al puerto de Novorosíisk, que palidece frente al valor estratégico de Crimea como puerto de aguas calientes. El símbolo más potente de esta transformación es el Moskvá, el crucero insignia de la flota del mar Negro, hundido en abril de 2022 por dos proyectiles ucranianos. Hoy, lo único que queda de ese navío lanzamisiles son imanes que venden las tiendas de souvenirs de Sebastopol. Una vendedora en el malecón, con las alarmas antiaéreas de fondo, ofrece su propia interpretación: "La situación va a ir a peor. Nuestras fuerzas están a punto de liberar Donbás, la operación especial militar va a concluir y ellos intentan desviar las fuerzas rusas del frente". Pero mientras habla, las sirenas vuelven a sonar. Sebastopol, la ciudad que no había escuchado un disparo desde que Rusia la anexionó en 2014, ahora vive bajo bombardeo constante. La pregunta que flota en el aire es si esta nueva forma de guerra —precisa, incesante, imposible de detener completamente— es el futuro de un conflicto que, según algunos de sus propios habitantes, podría no tener fin.

La vida sigue, hay que continuar, aunque creo que todo será todavía peor
— Tatiana, madre de una niña de diez años en Sebastopol
De la forma en que Putin está llevando la guerra, esta será interminable
— Vladímir Ivanov, pensionista y antiguo jefe de pelotón de infantería de marina
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué Sebastopol es tan importante que Ucrania la ataca constantemente?

Model

Porque es la base naval rusa más estratégica del mar Negro. Si logran neutralizarla, cortan la capacidad de Rusia de proyectar poder en toda la región. Pero también porque es vulnerable de una manera nueva: los drones y misiles de precisión pueden llegar donde antes no podían.

Inventor

Los civiles que entrevistaste parecen resignados, no asustados. ¿Eso es real o es lo que la propaganda permite que digan?

Model

Probablemente ambas cosas. Después de cuatro años de guerra, la gente desarrolla una especie de adormecimiento. Las alarmas suenan varias veces al día. Las explosiones se vuelven rutina. Pero la resignación también es una forma de supervivencia psicológica en una ciudad militar donde cuestionar la guerra es peligroso.

Inventor

Un veterano te dijo que la guerra será interminable bajo la estrategia de Putin. ¿Qué quiso decir exactamente?

Model

Que sin una estrategia clara para ganar, solo hay desgaste mutuo. Rusia no controla ni Sloviansk, la ciudad donde comenzó todo hace doce años. Ucrania no puede derrotar a Rusia militarmente. Así que lo que queda es esto: bombardeos constantes, racionamientos, una ciudad entera viviendo en emergencia permanente, sin que nadie vea el final.

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¿Cómo es posible que una ciudad de 350.000 personas funcione sin electricidad durante días?

Model

No funciona bien. El agua desaparece. La comida se echa a perder. Pero la gente se adapta porque no tiene opción. Compran agua en las tiendas. Cargan sus teléfonos cuando pueden. Los refugios de hormigón están en todas partes. Es una vida de emergencia que se ha vuelto normal.

Inventor

El hundimiento del Moskvá parece ser un punto de quiebre. ¿Cambió algo después de eso?

Model

Cambió todo. Demostró que los barcos más grandes y poderosos no son invulnerables a los drones y misiles de precisión. Rusia tuvo que retirar sus navíos. La armada dejó de participar en el frente. Es una lección que otras marinas del mundo están observando muy de cerca.

Inventor

¿Qué espera la gente que suceda?

Model

Algunos, como el militar que habló de Chechenia, esperan una tregua temporal. Otros, como el abuelo en el parque, temen que esto sea indefinido. Pero casi nadie cree que Rusia vaya a ganar de la manera que Putin prometió. Eso es lo que realmente asusta: no el bombardeo de hoy, sino la posibilidad de que esto continúe durante años.

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