SEAT, la marca que durante generaciones simbolizó el acceso de la clase trabajadora española al automóvil, atraviesa hoy una crisis que pone en duda su propia existencia. En el umbral de una transformación industrial sin precedentes hacia la electrificación, la compañía enfrenta la paradoja de quien debe reinventarse con recursos menguantes en un mercado que no concede pausas. Su historia es la de muchas instituciones industriales del siglo XX: construidas para una era que se cierra, buscando con urgencia el lenguaje de la que comienza.