Durante 76 años, Seat ha encarnado la tensión entre el orgullo industrial de una nación y las lógicas implacables del capital transnacional. Nacida bajo el franquismo para motorizar un país empobrecido y revitalizar Cataluña, la marca sobrevivió autarquías, rupturas y escándalos para vender hoy 260.000 vehículos al año. Sin embargo, en el momento en que la industria automotriz afronta su mayor transformación histórica, el grupo Volkswagen la deja al margen de la electrificación, argumentando falta de rentabilidad. Es la paradoja de una marca que construyó modernidad para otros y ahora lucha po