En la noche santiaguera, un automóvil ardió en la intersección de las calles Nueva y San Francisco, convocando a los bomberos al corazón de una ciudad que, como el resto de Cuba, carga con el peso de una infraestructura de transporte al límite. El incidente no es un destello aislado, sino un eslabón más en una cadena de incendios vehiculares que recorre la isla en 2026, recordándonos que el deterioro silencioso de las cosas cotidianas puede volverse, de pronto, visible y urgente.