En las vastas aguas del Atlántico nororiental, lejos de cualquier costa habitada, un área de bajas presiones encontró la coherencia suficiente para convertirse en la sexta depresión tropical de la temporada. A 845 kilómetros de las Azores, el sistema avanza con una lentitud casi contemplativa hacia el norte, recordándonos que la naturaleza organiza sus fuerzas incluso en los rincones más remotos del océano. Para Cuba y sus habitantes, este fenómeno pertenece al mundo de la navegación y la vigilancia rutinaria, no al de la alarma.