Hay escritoras que llegan a la literatura por vocación; Sara Barquinero llegó por método: eligió estudiar filosofía porque era la carrera donde más se leía. Lo que comenzó como una estrategia lectora se convirtió en una arquitectura del pensamiento que sostiene sus novelas y su vida. En la experiencia de Barquinero, los libros no son objetos pasivos sino presencias activas —compañeros que intervienen en los momentos de crisis y que, al ser sostenidos entre las manos, tienen el poder de mejorar algo en quien los lee.