Dieciséis años de desarrollo para una puerta que aún no se abre
La firma guipuzcoana es el principal inversor industrial en Indra, por delante de Goldman Sachs, tras adquirir participaciones en 2021 y 2024 valoradas en más de 90 millones de euros. Su filial estadounidense Sapa Transmission Inc. logró un contrato de 40,37 millones de dólares con el Pentágono para desarrollar transmisiones de combate avanzadas, validadas en el prototipo M1E3 Abrams.
- Sapa Placencia controla el 7,94% de Indra, siendo el principal accionista industrial
- Su filial estadounidense logró un contrato de 40,37 millones de dólares con el Pentágono en 2020
- La tecnología de transmisión de Sapa Placencia está integrada en el prototipo M1E3 Abrams
- Estimaciones especulan con ingresos de hasta 5.000 millones de euros en quince años si se aprueba la producción en serie
- En 2024, Sapa Placencia declaró ingresos de 67,38 millones de euros, un incremento del 23,51%
Sapa Placencia, empresa vasca con raíces en la tradición armera del siglo XVI, se consolida como tercer accionista de Indra con el 7,94% de derechos de voto y expande su presencia en el mercado de defensa estadounidense tras 16 años de desarrollo tecnológico.
Sapa Placencia es hoy una de las empresas más estratégicas del sector de defensa español, aunque pocos fuera del mundo industrial conocen su nombre. La compañía vasca controla el 7,94% de los derechos de voto de Indra, la mayor empresa de tecnología y defensa del país, lo que la convierte en su tercer accionista y, más importante aún, en el principal inversor de naturaleza industrial —por delante incluso de Goldman Sachs—. Pero esta posición de poder en Madrid es apenas la mitad de la historia. Mientras consolida su influencia en el Ibex 35, Sapa Placencia lleva dieciséis años trabajando en silencio para penetrar el mercado de defensa estadounidense, el más exigente y lucrativo del mundo.
Las raíces de la empresa se hunden profundamente en la historia. Soraluze-Placencia de las Armas, el municipio guipuzcoano donde nació, fue desde el siglo XVI sede de la Real Fábrica de Armas que surtía armamento a la Corona española. A finales del diecinueve, ese legado atrajo capital extranjero: en 1887, los legendarios fabricantes de armas Thorsten Nordenfelt y Hiram Stevens Maxim —creador de la primera ametralladora automática— fundaron una sociedad para explotar la planta local. Tres años después llegó el gigante metalúrgico británico Vickers, que terminó siendo propietario único de la factoría. La presencia extranjera se cerró en 1935, cuando el Banco Hispano Americano y la Sociedad Española de Construcción Naval tomaron el control y fundaron formalmente la Sociedad Anónima Placencia de las Armas —el acrónimo SAPA—. En 1937, en plena Guerra Civil, la empresa trasladó su producción a Andoain, donde permanece su fábrica principal.
Durante décadas, Sapa Placencia creció vinculada a los suministros de artillería pesada para las Fuerzas Armadas españolas, especializándose en sistemas de cañones antiaéreos y transmisiones para carros de combate. El rumbo cambió en 1985, cuando el empresario Joaquín Aperribay Elosua adquirió la compañía en crisis financiera. Aperribay, que ya la conocía bien por haber sido ejecutivo años atrás, la reflotó y luego incorporó a sus dos hijos en la propiedad: Ibon, que trabajaba en comercio e internacionalización, y Jokin, que además de ser presidente de la Real Sociedad desde 2008 representa los intereses familiares en Indra como consejero desde 2022. Bajo su liderazgo, la firma se transformó hacia componentes de movilidad híbrida de alta tecnología. En 2024, declaró una cifra de negocios de 67,38 millones de euros, un incremento del 23,51% respecto al año anterior, con un beneficio neto de 2,89 millones.
La aventura estadounidense comenzó en 2010, cuando Sapa Placencia entró en los programas de investigación básica del Ground Vehicle Systems Center del Pentágono. Durante quince años, la empresa invirtió en investigación, demostración en vehículo y certificación industrial para superar los exigentes requisitos militares estadounidenses. En 2019, anunció una inversión de 40,1 millones de dólares para construir una planta de producción de 10.200 metros cuadrados en Shelby Township, Michigan, ubicada estratégicamente cerca del cuartel general del Comando de Tanques, Automoción y Armamento. La decisión respondía a las exigencias de la Ley de Compra Americana, que obliga a los proveedores del Pentágono a fabricar localmente.
En 2020, su filial estadounidense Sapa Transmission Inc. logró un contrato del Departamento de Defensa por 40,37 millones de dólares para desarrollar y fabricar prototipos de transmisiones de combate avanzadas. El programa, formalizado como un acuerdo de transacción especial con el comando Tacom, finalizó el 30 de mayo de 2025 tras sucesivas prórrogas, permitiendo consolidar la planta productiva bajo requisitos locales. Los desarrollos validados durante esta fase abrieron una puerta mucho más grande: un acuerdo estratégico con General Dynamics Land Systems, que incorporó la tecnología de transmisión de Sapa Placencia en el prototipo del futuro carro de combate M1E3 Abrams, actualmente en pruebas de campo con el ejército estadounidense. Se especuló públicamente que la empresa vasca podría ingresar hasta 5.000 millones de euros a través de este programa de quince años de duración, aunque las decisiones sobre producción en serie no se adoptarán hasta 2027 o 2028, supeditadas a la superación de los ensayos militares actuales.
En España, Sapa Placencia también ha expandido su presencia. En 2020, se convirtió en fundadora del consorcio Tess Defence con una participación del 25%, junto a Indra, Santa Bárbara Sistemas y Escribano Mechanical & Engineering. Este consorcio fue creado para gestionar el contrato del blindado VCR 8x8 Dragón, inicialmente dotado con 2.100 millones de euros para 348 vehículos, ampliado en 2023 con 420 millones adicionales. En diciembre de 2021, Sapa Placencia adquirió un primer paquete del 5% en Indra por 90,8 millones de euros, operación que amplió a 7,94% en enero de 2024. A finales de 2024, una reorganización de Tess Defence llevó a Indra a asumir el control con el 51,01%, diluyendo simétricamente las participaciones de los otros socios, incluida Sapa Placencia, que pasó al 16,33%.
Mientras España incrementa su gasto militar para cumplir el compromiso de la OTAN del 2% del PIB, han nacido los Programas Especiales de Modernización dotados con 31.793 millones de euros. Sin embargo, las adjudicaciones se han concentrado mayoritariamente en Airbus, Indra y Navantia, que gestionan conjuntamente el 70% de los fondos. En plataformas terrestres, el principal volumen corresponde a una unión temporal de Indra y EM&E para sistemas de artillería autopropulsada por 7.240 millones. Sapa Placencia no lidera ninguna de estas adjudicaciones como contratista principal, manteniendo su actividad doméstica vinculada a contratos plurianuales previos, a través de los cuales en 2025 se adjudicó 77 millones de euros. La empresa está en una encrucijada: consolidada como accionista influyente de Indra y con una presencia creciente en el mercado estadounidense, pero aún esperando las decisiones presupuestarias que determinarán si su apuesta en el M1E3 Abrams se convierte en la mayor operación de su historia.
Notable Quotes
La empresa vasca es el primer inversor de naturaleza industrial en Indra, por delante de Goldman Sachs— Registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué una empresa vasca de transmisiones dedica dieciséis años a un contrato de cuarenta millones de dólares? Parece desproporcionado.
No es por ese contrato. Es por lo que viene después. Ese programa de cuarenta millones fue la prueba de concepto. Si el M1E3 Abrams entra en producción en serie, Sapa Placencia podría suministrar transmisiones para cientos de vehículos durante quince años. Estamos hablando de miles de millones.
Pero eso depende de decisiones que no se tomarán hasta 2027 o 2028. ¿Cómo justifica la empresa esa incertidumbre?
La familia Aperribay tiene una mentalidad de largo plazo. Compraron una empresa en crisis en 1985 y la transformaron. Entienden que en defensa, la paciencia y la credibilidad técnica son moneda de cambio. Además, ya tienen ingresos estables en España y en Indra.
Hablando de Indra, ¿por qué Sapa Placencia necesitaba convertirse en accionista? ¿No podría simplemente ser proveedor?
Porque en defensa, la influencia corporativa importa. Siendo el principal accionista industrial, Sapa Placencia tiene voz en las decisiones estratégicas de la mayor empresa de defensa del país. Eso le da poder de negociación en contratos, acceso a información, y capacidad de influir en cómo se distribuyen los fondos públicos.
¿Y por qué no ganó ninguno de los Programas Especiales de Modernización como contratista principal?
Porque Indra y sus aliados tradicionales ya controlaban esos programas. Sapa Placencia es nueva en la mesa de poder. Su apuesta real está en Estados Unidos, donde no compite contra Indra sino con proveedores globales. Allí, su tecnología es lo que cuenta.