En un mismo domingo, Pedro Sánchez y Alberto Feijóo han elegido Cataluña como escenario inaugural de sus respectivas campañas electorales, reconociendo en esa región el espejo donde España suele leer su propio futuro político. Mientras Sánchez busca reavivar el vínculo con la militancia socialista en Gavà, Feijóo intenta en Badalona trazar una frontera entre el conservadurismo moderado y el avance de la extrema derecha. La simultaneidad de los actos no es coincidencia: es la confirmación de que Cataluña, con su peso electoral y su fragmentación política, será el primer campo de pruebas de las