En el eterno debate sobre quién carga con el peso de las fronteras comunes, Pedro Sánchez recurrió el viernes a los registros de Frontex para situar a España dentro de una Europa que comparte, de manera desigual, la presión migratoria. Al señalar que Italia recibe el doble de entradas irregulares, el presidente no niega el desafío, sino que invita a medirlo con una vara continental. Es el gesto clásico del estadista que busca convertir una crítica doméstica en una conversación más amplia sobre responsabilidad compartida.