En el cruce entre la solidaridad ideológica y la conveniencia política nacional, Pedro Sánchez felicitó a los socialistas suecos por su victoria electoral mientras mantenía una distancia cuidadosa respecto a las políticas migratorias que contribuyeron a ese triunfo. Lo que en Estocolmo se acepta como progresismo pragmático, en Madrid Sánchez lo ha calificado de extrema derecha. Este gesto diplomático revela una fractura silenciosa dentro de la izquierda europea: la dificultad de sostener una identidad común cuando las presiones electorales de cada nación empujan hacia respuestas distintas ante