En el escenario más visible de la diplomacia global, Pedro Sánchez subió al podio de la Asamblea General de la ONU para defender el modelo migratorio español ante el mundo, pero la crisis sin resolver en Ceuta proyectaba una sombra difícil de ignorar. La distancia entre el mensaje que un líder quiere transmitir y la realidad que lo acompaña rara vez pasa desapercibida. Su ausencia en la recepción de Trump añadió otra dimensión a una semana que reveló, más que ocultó, las contradicciones de gobernar en tiempos de crisis.