En septiembre de 2026, Pedro Sánchez viajó a Nueva York para presentar ante la Asamblea General de la ONU su visión sobre migración e inteligencia artificial, buscando en el escenario mundial la legitimidad que el terreno doméstico le negaba. La crisis de Ceuta y la falta de apoyos parlamentarios en España configuraban el telón de fondo de una estrategia que revela una tensión tan antigua como la política misma: cuando el suelo propio se vuelve inestable, los líderes buscan altura en la tribuna internacional. Así, mientras Sánchez intentaba redefinir la narrativa desde Nueva York, sus adversar