Ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente español Pedro Sánchez tomó posición en uno de los debates más polarizados de nuestro tiempo: cómo responden las naciones al movimiento humano cuando el miedo se ha convertido en política. Eligiendo a Ceuta como símbolo y a la dignidad como principio, Sánchez trazó una línea entre quienes gobiernan desde la responsabilidad compartida y quienes, según sus palabras, lo hacen desde el egoísmo, la ignorancia y la crueldad. España, declaró, no seguirá ese camino.