En septiembre de 2026, el Festival de San Sebastián abrió su edición con el brillo de Brad Pitt y Naomi Watts, pero la verdadera conversación giró en torno a lo que faltaba: la voz de las mujeres directoras en la competencia oficial por la Concha de Oro. En un momento en que el mundo debate quién tiene derecho a contar historias y desde qué lugar, el festival se convirtió en espejo de tensiones más profundas sobre representación, poder cultural y responsabilidad artística. Su director reconoció que la discusión era inevitable —y quizás necesaria— aunque la pregunta de si esa discusión transfor