En la República Dominicana, el urólogo oncólogo David Samadi eleva una voz de alerta sobre una paradoja que cuesta vidas: los hombres esperan sentir dolor para buscar ayuda, justo cuando las enfermedades más letales —cáncer de próstata, hipertensión y diabetes— avanzan en silencio, sin anunciarse. Su llamado no es solo médico, sino cultural: redefinir la salud masculina como un acto de conocimiento y no como la simple ausencia de sufrimiento.