Desde la Revolución Industrial, cada salto tecnológico llegó acompañado de la misma promesa incumplida: trabajar menos. Sam Altman, al frente de OpenAI, advierte que la inteligencia artificial no romperá ese patrón, porque la eficiencia no redistribuye el tiempo por sí sola — lo que se gana en velocidad tiende a llenarse con nuevas tareas. Investigaciones de Stanford y Berkeley confirman que los trabajadores no descansan más cuando la IA acelera su labor; producen más, asumen más, y el día se densifica en lugar de acortarse. La pregunta que la tecnología no puede responder es quién decide qué