Cada septiembre, los líderes del mundo convergen en Nueva York para renovar el pacto que nació de las cenizas de dos guerras mundiales. Esta semana, sin embargo, la Asamblea General de la ONU se reúne bajo la sombra de una pregunta que ya no puede ignorarse: ¿puede sobrevivir el multilateralismo cuando las potencias que lo fundaron son hoy sus principales verdugos? Lo que está en juego no es solo una institución burocrática, sino la idea misma de que las naciones pueden gobernarse por reglas comunes en lugar de por la fuerza.