En medio de un conflicto ucraniano que lleva años sin resolverse, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú para reunirse durante casi diez horas con los máximos jefes de inteligencia rusos, Sergei Naryshkin y Alexander Bortnikov. Este gesto discreto pero cargado de significado sugiere que Washington y Moscú reconocen la necesidad de mantener canales de diálogo abiertos cuando la retórica pública ya no alcanza. En la historia de las grandes potencias, estos encuentros en la sombra suelen preceder a los giros que el mundo no anticipaba.