A orillas de una frontera que pocas veces se ha cruzado, Rusia y Corea del Norte inauguraron su primer puente de carretera, convirtiendo en acero y concreto una alianza que ambas naciones llaman 'invencible'. El gesto es tanto político como físico: dos países que el orden internacional ha intentado aislar eligen encontrarse en el punto donde sus tierras casi se tocan. En la historia larga de las alianzas forjadas por la presión exterior, este puente pregunta si el aislamiento compartido puede convertirse en una forma de poder.