En el largo diálogo entre naciones que comparten tecnología militar, Rusia extendió esta semana una mano hacia Colombia, ofreciendo reparar los helicópteros Mi-17 que permanecen inoperativos en tierra. El gesto diplomático llegó cargado de historia: casi 90 millones de dólares gastados sin resultado, un centro de mantenimiento inconcluso en Tolemaida y procesos penales como herencia del gobierno anterior. La pregunta que queda suspendida sobre Bogotá no es solo técnica, sino política: ¿bajo qué condiciones puede un Estado recuperar su capacidad operativa sin comprometer su autonomía?