Mientras el año escolar ruso arranca bajo la mirada del Kremlin, las aulas se convierten en un campo más de la guerra: los libros de texto reescriben la historia, los drones reemplazan a los botiquines y el patriotismo se convierte en asignatura obligatoria. Lo que ocurre en las escuelas de Rusia no es solo una reforma educativa, sino el intento de un Estado de moldear la conciencia de una generación entera para sostener una guerra que ya no puede justificarse sin adoctrinamiento. Las familias que se atreven a resistir pagan un precio que va del exilio a la prisión.
Rusia intensifica la propaganda militar y el adoctrinamiento en las escuelas al inicio del curso
Padres como Alexéi Moskaliov fueron condenados a prisión y separados de sus hijos por cuestionar la propaganda escolar; familias viven en exilio.