Mientras el conflicto ucraniano se acerca a su quinto año, Rusia ha extendido su estrategia más allá del campo de batalla, desplegando drones, sabotajes y operaciones encubiertas contra infraestructuras civiles europeas con el propósito de erosionar la voluntad política de los aliados de Kiev. Alemania y los países bálticos emergen como los focos principales de esta presión, en una guerra que no se libra con ejércitos visibles sino con apagones, interrupciones y divisiones sembradas desde adentro. Lo que está en juego no es solo el apoyo a Ucrania, sino la cohesión de una alianza diseñada para