En el noreste de Ucrania, donde la frontera con Rusia convierte cada kilómetro en una línea de vulnerabilidad, la región de Sumi volvió a pagar el precio más alto de una guerra que no distingue entre combatientes y civiles. Cinco personas —vecinos comunes, con edades y rostros— murieron en ataques con drones en el transcurso de una sola noche, mientras Moscú anunciaba que lo peor aún estaba por venir. La violencia no es espontánea: responde a una lógica de represalia que convierte a las poblaciones civiles en moneda de presión geopolítica.
Rusia intensifica ataques en Sumi: cinco civiles muertos tras bombardeos con drones
Cinco civiles murieron en los ataques: cuatro en Sveska (dos hombres de 58 y 45 años, dos mujeres de 56 y 76 años) y una mujer en Sumi; además, múltiples heridos incluyendo un hombre de 41 años.