En el umbral del otoño de 2026, Rusia volvió a descargar su furia sobre Kiev con misiles balísticos, matando a civiles y golpeando la vida cotidiana de una ciudad de tres millones de almas. Mientras los cuerpos aún eran contados, el canciller Lavrov rechazó ante la ONU cualquier pausa en la guerra, y Zelenski prometió que el frío del invierno sería compartido por igual entre agresores y agredidos. El conflicto ha dejado de ser solo una disputa territorial para convertirse en una guerra de desgaste que amenaza con devorar tanto la infraestructura ucraniana como la estabilidad energética global.
Rusia intensifica ataques contra Kiev; Lavrov rechaza pausa en la guerra
Al menos dos personas murieron en Kiev el 24 de septiembre por ataques con misiles; un capitán ucraniano fue asesinado en un ataque a un carguero en Odesa; 43 personas resultaron heridas en bombardeos previos.