A mediados de septiembre de 2026, Rusia celebró elecciones legislativas que, bajo el férreo control del Kremlin, dejaron de ser un ejercicio democrático para convertirse en un ritual de legitimación de la guerra en Ucrania. Putin orquestó un proceso en el que la ausencia de oposición real y la extensión del voto a territorios ucranianos ocupados revelaron la distancia entre la forma electoral y su sustancia. Como ha ocurrido a lo largo de la historia con los regímenes que visten el poder con ropajes democráticos, lo que se celebró no fue una elección, sino la escenificación de un consenso fabr