En un momento en que la inseguridad y el clima definen la vida cotidiana de millones de peruanos, el secretario de Estado Marco Rubio llegó a Lima para tender puentes concretos entre Washington y Lima. La incorporación de Perú al Escudo de las Américas no es solo un acuerdo técnico: es una señal de que las fronteras del crimen organizado exigen respuestas que también las traspasen. La visita ocurre en un tablero geopolítico donde China y Estados Unidos compiten silenciosamente por influencia en una región que prefiere, al menos en apariencia, no elegir bandos.