En septiembre de 2026, el secretario de Estado Marco Rubio llegó a Bogotá para reunirse con el presidente Abelardo de la Espriella, marcando un momento en que dos naciones vuelven a encontrar un lenguaje común sobre seguridad y poder. La visita no es un gesto diplomático rutinario: encarna la voluntad de Washington de reafirmar su presencia en el hemisferio occidental mediante alianzas más profundas y, posiblemente, una huella militar más visible. En el trasfondo de cada conversación sobre narcotráfico e inversión late una pregunta más antigua: quién define el orden en América Latina y bajo qu