En un momento en que casi todos los grandes operadores hoteleros han abandonado Cuba —arrastrados por apagones, escasez y sanciones— surge la posibilidad de que Royalton y Marriott regresen a la isla, convirtiendo una retirada colectiva en un potencial punto de inflexión. Ninguna empresa ha confirmado fechas ni condiciones, pero la sola negociación, en medio de un colapso turístico del 56 por ciento, habla de una apuesta incierta sobre el futuro de un destino que aún no ha resuelto sus fracturas más profundas.