Romero y Ruiz Caldera: la ciencia ficción debe reflejar cómo funciona nuestra sociedad

Convivir con tus equivocaciones, acumularlas sin redención
Romero describe el núcleo de su película: un rechazo a la narrativa clásica de segunda oportunidad.
Mark

¿Por qué una película de ciencia ficción con comedia en un festival que premia el cine de autor más contundente?

Mimi

Porque la premisa es tan original que rompe las categorías. No es ciencia ficción clásica. Es un bucle temporal que no ofrece redención, solo acumulación de errores.

Luke

¿Pero es realmente original o es una inversión de la fórmula clásica? Curtis hizo lo opuesto hace años.

Mimi

Sí, pero Romero dice que necesitaba negar los viajes temporales para hablar de algo más contemporáneo: la falta de tiempo para reflexionar.

Mark

¿Qué significa eso en la práctica?

Mimi

Que vivimos en un mundo de estímulo-reacción. Cincuenta estímulos diarios. No hay espacio para pensar.

Luke

Eso suena a diagnóstico social, no a trama de película. ¿Cómo lo traducen en pantalla?

Mimi

A través de una pareja que se queda atrapada en cinco minutos que se repiten. Cada repetición los muestra justificándose, sin ver el punto de vista del otro.

Mark

¿Y la paternidad qué papel juega?

Mimi

Es lo que justifica todo. Cuando hay un hijo de por medio, los andamiajes de la sociedad desaparecen. La violencia se justifica.

Luke

Romero dice que no tenía agenda moral al escribir. ¿Entonces qué es lo que quiere decir la película?

Mimi

Que convivimos con nuestras equivocaciones. Que las acumulamos. Que no hay reset que nos salve.

Mark

¿Eso es pesimismo o es realismo?

Mimi

Probablemente sea lo mismo en 2026.

  • Una película de género fantástico se cuela en una competición dominada por el cine de autor, apostando por un pesimismo que incomoda tanto como fascina.
  • El bucle temporal de la historia no resetea ni mejora a los personajes: los atrapa con sus propios errores, acumulándolos sin posibilidad de redención.
  • Romero escribió el guion en 2023 sin encargo, movido por la urgencia de retratar un mundo donde cincuenta estímulos diarios no dejan espacio para pensar, solo para reaccionar.
  • La paternidad emerge como el hilo más tenso del relato: cuando llega el desastre, todo andamiaje social desaparece y la violencia encuentra su justificación más íntima.
  • Fue Ruiz Caldera quien evitó que la película se hundiera en la oscuridad total, convenciendo a Romero de dejar entrar la comedia —y de protagonizarla él mismo.

En el Festival de San Sebastián, donde el cine más exigente busca su lugar en la historia, una película de ciencia ficción pesimista irrumpe en la competición por la Concha de Oro. Berto Romero y Javier Ruiz Caldera presentan 'Cinco minutos más', una obra nacida de la necesidad visceral de retratar un mundo donde el tiempo no redime, sino que acumula errores. Su bucle temporal no ofrece segunda oportunidad: es un espejo oscuro de la sociedad contemporánea, gobernada por el estímulo y la reacción, donde la paternidad se convierte en la última justificación moral.

En el Festival de San Sebastián, 'Cinco minutos más' compite por la Concha de Oro como una apuesta arriesgada: ciencia ficción con toques de comedia en una competición que suele premiar el cine de autor más severo. Lo que Berto Romero y Javier Ruiz Caldera han construido juntos deja un sabor amargo que resuena con el público más exigente.

Romero fue quien plantó la semilla. En 2023, sin encargo alguno, escribió esta historia por necesidad visceral. El resultado es la historia de una pareja al borde del colapso matrimonial —él mismo y Belén Cuesta— que se da una última oportunidad por su hijo en una casa rural de lujo. Allí conocen al guardián de la finca, interpretado por Javier Cámara, un personaje tosco y desagradable. A las seis y cinco de la tarde, tras la entrega de llaves, el tiempo retrocede. Todos vuelven a las seis en punto. Todos son conscientes. El bucle se repite, y esconde una tragedia mayor.

Ruiz Caldera, director de 'Malnazidos' o 'Superlópez', quedó sorprendido por la pureza del guion. Romero explica que el truco narrativo fue su brújula: la única forma de contar viajes en el tiempo desde un ángulo nuevo era negarlos casi por completo. No hay reseteo ni mejora. El fenómeno se acerca más al género apocalíptico que al fantástico clásico.

El pesimismo de la película nace de una observación sobre el presente: vivimos atrapados en una dictadura del estímulo y la reacción, donde cincuenta sacudidas diarias no dejan tiempo para reflexionar. Según Ruiz Caldera, todos —en la película y en la vida— se autojustifican, nunca consideran el punto de vista ajeno, y convierten al otro en amenaza. La cámara trabaja para que el espectador recuerde que cada persona habita su propia verdad.

Otro hilo atraviesa la historia: la paternidad como última justificación moral. Cuando llega el desastre, los andamiajes sociales se derrumban y queda lo más básico. Romero no partió de ninguna tesis; se dejó llevar. Pero conforme avanzaba el trabajo, todo le parecía demasiado negro. Fue Ruiz Caldera quien le convenció de no cerrarle la puerta a la comedia —y de paso, de protagonizar la película.

A diferencia de títulos como 'Una cuestión de tiempo', donde el bucle temporal promete redención, aquí ocurre lo contrario: los personajes conviven con sus errores, los acumulan, aprenden a vivir con su propia mierda. Romero aclara que esto no es un retrato de España. Es el mundo.

En el Festival de San Sebastián, donde se proyecta el cine más exigente, una película de ciencia ficción con toques de comedia compite por la Concha de Oro en la jornada más importante del certamen. Cinco minutos más es una apuesta arriesgada: un género fantástico en una competición que suele premiar el cine de autor más contundente, pero lo que Berto Romero y Javier Ruiz Caldera han construido juntos deja un sabor amargo, pesimista, que resuena con el público cinéfilo más exigente.

Romero, actor y guionista, fue quien plantó la semilla. En 2023, sin que nadie se lo pidiera, escribió esta historia movido por algo que describe como una necesidad visceral. No era un encargo. Dice que tuvo que vomitar su escritura. El resultado es la historia de una pareja al borde del colapso matrimonial —Romero y Belén Cuesta— que se da una última oportunidad por su hijo. Se retiran a una casa rural de lujo donde conocen al guardián de la finca, interpretado por Javier Cámara, un personaje desagradable, tosco, de cuñadismo de manual. Después de la visita de rigor y la entrega de llaves a las seis y cinco de la tarde, el tiempo retrocede. Cada uno vuelve a su posición de las seis en punto. Todos son conscientes de este retroceso. El bucle temporal que se repite una y otra vez esconde una tragedia mayor.

Ruiz Caldera, director de películas como Promoción fantasma, Tres bodas de más, Superlópez, Malnazidos y Wolfgang, quedó sorprendido al leer el guion. No esperaba encontrar una historia de género fantástico tan puro, tan original. Romero explica que el truco narrativo fue su brújula al escribir. La única manera de contar una historia de viajes en el tiempo desde un punto de vista nuevo era prácticamente negándolos, que es exactamente lo que ocurre aquí. No se trata de viajes temporales en el sentido clásico, sino de un fenómeno que afecta la relación entre la materia y el tiempo. Se acerca más al género apocalíptico. Y cuando el público lo vea, cuando lo disfrute, aparecerán los motivos por los que Romero cree que es una película contemporánea: esa sensación actual de que no hay tiempo para la reflexión, solo para la reacción.

Ambos directores ven el mundo actual como un lugar gobernado por la dictadura del estímulo y la reacción. Vivimos en una sensación de estar atrapados en un mundo donde cada día llegan cincuenta estímulos. Te vas a dormir pensando que comienza la Tercera Guerra Mundial. Por la mañana sabes que no era una broma. Al mediodía el asunto ya ha pasado. A ese tipo de impulsos solo se puede responder desde una reacción emocional, sin tiempo para pensar. El pesimismo de la película emerge de aquí. Según Ruiz Caldera, todo el mundo, tanto en la película como en la vida, se autojustifica. Todos creen que están haciendo lo correcto. Nunca se plantean el punto de vista del otro. Los otros son la amenaza. Tú eres la víctima. La cámara explora diferentes recursos para que el espectador no olvide que cada persona tiene su propia verdad.

Hay otro hilo que atraviesa Cinco minutos más: la paternidad. Por un hijo se hace de todo. Es la ligazón más importante, la que más mueve. Cuando ocurre un desastre, todos los andamiajes de la vida en sociedad desaparecen. La violencia se justifica. La situación se desnuda y se queda en lo más básico. Romero no aplicó ninguna tesis previa al escribir. No quiso ser moralizante. No tenía agenda. Planteó la situación y se dejó llevar. Pero conforme él y Ruiz Caldera trabajaban más el libreto, Romero comenzó a sentirse mal. Todo le parecía muy negro, muy feo. Fue Ruiz Caldera quien le dijo: no neguemos la entrada de la comedia en esta película. ¿Por qué no puede ser graciosa también? Y de paso lo convenció para protagonizarla.

Por ese trasfondo de debacle moral, Cinco minutos más no se parece a los títulos clásicos de bucles temporales, como Una cuestión de tiempo de Richard Curtis. En ese género, todos los filmes pivotan sobre la idea de la segunda oportunidad, de que el reseteo mejorará las acciones de los personajes. Aquí no. Aquí muestran el reflejo oscuro de eso. Lo niegan. Es una película que habla de convivir con tus equivocaciones, de convivir con tu mierda y acumularla. Romero aclara que esto no es un retrato de España. Es el mundo.

Escribí esta historia en 2023 por una voluntad puramente inconsciente. Me salió de las tripas. Tuve que vomitar su escritura.
— Berto Romero
La única manera de escribir una historia de viajes en el tiempo ofreciendo un punto de vista nuevo era prácticamente negándolos.
— Berto Romero
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